Durante el 2019, América Latina tuvo un lento dinamismo económico y fue afectada por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, manteniéndose como un punto clave para los inversionistas extranjeros, debido a las buenas perspectivas que tenían algunas economías de la región. En el 2020, el escenario es totalmente distinto afectado por el COVID-19, que ha reflejado una disminución en las principales calificaciones y perspectivas crediticias de la región latinoamericana.

Las calificaciones crediticias que efectúan permanentemente empresas como Standard & Poors (S&P), Moody’s y Fitch Ratings reflejan la opinión futura respecto del riesgo crediticio; es decir, estas tres instituciones brindan sus perspectivas sobre la capacidad de un país, para cumplir con sus obligaciones financieras de manera puntual y completa.
Las perspectivas financieras negativas para América Latina están vinculadas a la pandemia del COVID-19. Moody’s indicó, a inicios del 2020 (07/01/2020), que la economía latinoamericana crecería entre 2.5% y 3.5% en 2020. Sin embargo, las perspectivas de dicho crecimiento podrían afectarse por el riesgo político y los conflictos sociales que se presentaron en diversas economías de la región durante el 2019.
Moody’s también reflejó su preocupación por la gestión fiscal de los países latinoamericanos. Si bien se esperaba que el déficit fiscal de muchos países se redujera en para el 2020, el espacio fiscal perdido en años recientes no se recuperaría.
Al 18 de mayo, 7 de 11 economías latinoamericanas presentadas han efectuado una variación en las perspectivas de calificación crediticia. Sin embargo, la gran mayoría de estas economías mostraron, en al menos una de las tres instituciones, un descenso en sus calificaciones de riesgo, incluso los países con perspectivas estables. Perú es un ejemplo de ello: a pesar de que las tres instituciones citadas han mantenido sus perspectivas estables, la economía peruana ha disminuido un escalón en la calificación de Fitch Ratings, pasando de “A-” a “BBB+”, para la deuda en moneda local.
La paralización de gran parte de las actividades económicas, originada por el aislamiento para combatir el coronavirus, la pérdida de liquidez y de ingresos en estas economías son algunos retos a superar para que las calificaciones crediticias no se sigan deteriorando y menos las perspectivas financieras. Si bien estas perspectivas de riesgo crediticio son consideradas por muchos inversionistas extranjeros a la hora de tomar decisiones de inversión, también generan una especie de muralla que frenarían aún más los intentos de recuperar la liquidez y dinamismo del mercado como, por ejemplo, la reactivación de proyectos de inversión.









