No es un simple beso: Brera inaugura una nueva manera de gustar la belleza

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Milán tiene días en los que la ciudad parece recordarse a sí misma. No como una postal, sino como una respiración: el arte, la calle, los cuerpos que pasan, el rumor de una lengua compartida. El sábado 14 de febrero, San Valentín, la Pinacoteca di Brera propuso precisamente eso: un gesto pequeño y a la vez simbólico, una iniciativa capaz de reunir historia, sensibilidad contemporánea y vida urbana.

La propuesta llevaba un título perfecto, casi una advertencia: “Non è un semplice Bacio! Vieni a gustare la bellezza”. No es un simple beso. Es una invitación a entrar en un territorio donde el arte no se contempla únicamente: también se habita, se escucha, se saborea.

En el corazón de Milán, frente a Palazzo Brera, una «edicola» histórica, un puesto de venta de periodicos y revistas,  se transformó por un día en la «Casa del Bacio», un espacio efímero donde la ciudad se detuvo para celebrar una de sus imágenes más emblemáticas: Il Bacio de Francesco Hayez (1859), custodiado en la Sala 38 del museo.

El beso como icono, el museo como experiencia

Hay cuadros que se vuelven parte de la memoria colectiva. Il Bacio no es solo una escena romántica: es una condensación del siglo XIX italiano, un símbolo del Romanticismo, pero también de la identidad nacional, del deseo y de la promesa.

Brera eligió no “explicar” el cuadro, sino prolongarlo. En lugar de encerrarlo en la solemnidad del museo, lo llevó hacia la calle, hacia el encuentro, hacia el lenguaje contemporáneo de las experiencias sensoriales.

Y en ese gesto hay algo profundamente actual: la cultura ya no se vive solo como patrimonio, sino como relación. Como un puente entre la belleza y la vida cotidiana.

Gastronomía de autor: “Il Bacio Salato”

La iniciativa propuso una degustación exclusiva inspirada en el cuadro: Il Bacio Salato, una reinterpretación gourmet en clave salada de la emoción del beso.

La creación estaba basada en el Filetto baciato di Ponzone, presidio Slow Food: un salume particularísimo, elaborado con un corte entero de filetto de cerdo, aromatizado con especias, ajo y vino tinto. Una unión de parte magra y grasa que evocaba, en palabras del proyecto, la intensidad y la riqueza del cuadro.

La degustación fue acompañada por una copa de Ca’ del Bacio Prosecco DOC, seleccionado por sus notas de manzana golden, glicina y cítricos: un prosecco pensado no como accesorio, sino como parte del relato.

Una «edicola· como lugar cultural

Uno de los aspectos más bellos de la jornada fue el espacio elegido: una edicola, ese lugar urbano en desaparición, convertido aquí en punto de agregación cultural.

El evento fue hospedado por Civic, un proyecto que busca relanzar las «edicole» como espacios de encuentro social y cultural, además de instrumentos de regeneración urbana.

Es un detalle crucial: el beso no ocurría solo en el cuadro, ni siquiera solo en el museo. Ocurría en la ciudad, en la calle, en el tejido vivo de Milán.

Una promoción que prolonga la experiencia

Brera extendió el gesto más allá del día 14: gracias a una cartolina/postal especial retirada en la «edicola», hasta el 22 de febrero dos personas podían acceder al museo con un biglietto combinato para admirar en vivo Il Bacio. Una manera delicada de decir: la belleza no se agota en un instante. Puede continuar.

Milán y la apertura del cambio

En una ciudad donde el lujo, la moda y la innovación conviven con el patrimonio, esta iniciativa señala una dirección: la cultura como experiencia compartida, como apertura.

No se trata de banalizar el museo, sino de hacerlo respirable. De permitir que una obra maestra dialogue con el presente, con los sentidos, con el espacio urbano.

Y quizás, en tiempos de aceleración, ese sea el verdadero beso: el que une pasado y futuro en un mismo gesto.