🇵🇪 🇧🇷 Discurso del Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Ceremonia en el Congreso Nacional.

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Excelentísimo presidente del Congreso Nacional, senador Eunício Oliveira,

Señoras y señores jefes de Estado, jefes de Gobierno, vice-jefes de Estado y vice-jefes de Gobierno, que me honran con sus presencias.

Vicepresidente de la República Federativa del Brasil, Hamilton Mourão, mi contemporáneo de Academia Militar de Agujas Negras,

Presidente de la Cámara de Diputados, querido amigo y compañero, diputado Rodrigo Maia,

Ex presidentes de la República Federativa del Brasil, señor José Sarney, señor Fernando Collor de Mello,

Presidente del Supremo Tribunal Federal, ministro Dias Toffoli,

Señoras y señores ministros de Estado y comandantes de las Fuerzas aquí presentes,

La Fiscalía General de la República, Raquel Dodge,

Señoras y señores gobernadores,

Señoras y señores senadores y diputados federales,

Señoras y señores jefes de misiones extranjeras acreditados ante el gobierno brasileño,

Mi querida esposa Michelle, de aquí vecina Ceilândia,

Mis hijos y familiares aquí presentes – la conocí aquí en la Cámara.

Los brasileños y brasileños,

Primero, quiero agradecer a Dios por estar vivo. Que, por las manos de profesionales de la Santa Casa de Juiz de Fora, operaron un verdadero milagro, ¡Gracias, Dios mío!

Con humildad, vuelvo a esta Casa, donde, por 28 años, me empeñé en servir a la nación brasileña, traté grandes embates y acumulé experiencias y aprendizajes que me dieron la oportunidad de crecer y madurar.

Vuelvo a esta Casa, no más como diputado, sino como Presidente de la República Federativa del Brasil, mandato a mí confiado por la voluntad soberana del pueblo brasileño.

Hoy, aquí estoy, fortalecido, emocionado y profundamente agradecido a Dios, por mi vida, ya los brasileños, que me confiaron la honrosa misión de gobernar Brasil, en este período de grandes desafíos y, al mismo tiempo, de enorme esperanza. Gobernar con ustedes.

Aprovecho este momento solemne y convoco a cada uno de los congresistas para que me ayuden en la misión de restaurar y de reerguer nuestra patria, liberándola definitivamente del yugo de la corrupción, la criminalidad, la irresponsabilidad económica y la sumisión ideológica.

Tenemos ante nosotros una oportunidad única de reconstruir nuestro país y de rescatar la esperanza de nuestros compatriotas.

Estoy seguro de que enfrentaremos enormes desafíos, pero si tenemos la sabiduría de escuchar la voz del pueblo, alcanzaremos éxito en nuestros objetivos, y, por ejemplo y por el trabajo, llevaremos a las futuras generaciones a seguirnos en esta tarea gloriosa.

Vamos a unir al pueblo, valorar la familia, respetar las religiones y nuestra tradición judeocristiana, combatir la ideología de género, conservando nuestros valores. Brasil volverá a ser un país libre de las amarras ideológicas.

Quiero compartir el poder, de forma progresiva, responsable y consciente, de Brasilia a Brasil; del Poder Central para Estados y Municipios.

Mi campaña electoral atendió al llamado de las calles y forjó el compromiso de colocar a Brasil por encima de todo y Dios por encima de todos.

Por eso, cuando los enemigos de la Patria, del orden y de la libertad intentaron poner fin a mi vida, millones de brasileños fueron a las calles. Una campaña electoral se transformó en un movimiento cívico, se cubrió de verde y amarillo, se tornó espontáneo, fuerte e indestructible, y nos trajo hasta aquí.

Nada ocurriría sin el esfuerzo y el compromiso de cada uno de los brasileños que tomaron las calles para preservar nuestra libertad y democracia.

Reafirmo mi compromiso de construir una sociedad sin discriminación o división.

De aquí en adelante, nos guiaremos por la voluntad soberana de aquellos brasileños: que quieren buenas escuelas, capaces de preparar a sus hijos para el mercado de trabajo y no para la militancia política; que sueñan con la libertad de ir y venir, sin ser víctimas del crimen; que desean conquistar, por el mérito, buenos empleos y sostener con dignidad a sus familias; que exigen salud, educación, infraestructura y saneamiento básico, en respeto a los derechos y garantías fundamentales de nuestra Constitución.

El Pabellón Nacional nos remite a la “Orden y al Progreso”.

Ninguna sociedad se desarrolla sin respetar estos preceptos.

El ciudadano de bien merece disponer de medios para defenderse, respetando el referéndum de 2005, cuando optó en las urnas por el derecho a la legítima defensa.

Vamos a honrar y valorar a aquellos que sacrifican sus vidas en nombre de nuestra seguridad y de la seguridad de nuestros familiares.

Contamos con el apoyo del Congreso Nacional para dar el respaldo jurídico para que los policías realicen su trabajo.

¡Ellos merecen y deben ser respetados!

Nuestras Fuerzas Armadas tendrán las condiciones necesarias para cumplir su misión constitucional de defensa de la soberanía, del territorio nacional y de las instituciones democráticas, manteniendo sus capacidades disuasorias para resguardar nuestra soberanía y proteger nuestras fronteras.

Montamos nuestro equipo de forma técnica, sin el tradicional sesgo político que hizo el Estado ineficiente y corrupto.

Vamos a valorar el Parlamento, rescatando la legitimidad y la credibilidad del Congreso Nacional.

En la economía traemos la marca de la confianza, del interés nacional, del libre mercado y de la eficiencia.

Confianza en el cumplimiento de que el gobierno no gastará más que lo recaudado y en la garantía de que las reglas, los contratos y las propiedades serán respetados.

Realizamos reformas estructurales, que serán esenciales para la salud financiera y la sostenibilidad de las cuentas públicas, transformando el escenario económico y abriendo nuevas oportunidades.

Necesitamos crear un círculo virtuoso para la economía que traiga la confianza necesaria para permitir abrir nuestros mercados al comercio internacional, estimulando la competencia, la productividad y la eficacia, sin el sesgo ideológico.

En este proceso de recuperación del crecimiento, el sector agropecuario seguirá desempeñando un papel decisivo, en perfecta armonía con la preservación del medio ambiente.

De esta forma, todo sector productivo tendrá un aumento de la eficiencia, con menos reglamentación y burocracia.

Estos desafíos sólo serán resueltos mediante un verdadero pacto nacional entre la sociedad y los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, en la búsqueda de nuevos caminos para un nuevo Brasil.

Una de mis prioridades es proteger y revigorizar la democracia brasileña, trabajando arduamente para que deje de ser sólo una promesa formal y distante y pase a ser un componente sustancial y tangible de la vida política brasileña, con el respeto al Estado Democrático.

La construcción de una nación más justa y desarrollada requiere la ruptura con prácticas que se muestran nefastas para todos nosotros, maculando la clase política y retrasando el progreso.

La irresponsabilidad nos condujo a la mayor crisis ética, moral y económica de nuestra historia.

Hoy empezamos un trabajo arduo para que Brasil inicie un nuevo capítulo de su historia.

Un capítulo en el que Brasil será visto como un país fuerte, pujante, confiado y audaz.

La política exterior retomará su papel en la defensa de la soberanía, en la construcción de la grandeza y en el fomento al desarrollo de Brasil.

Señoras y señores Congresistas,

Dejo esta casa, hacia el Palacio del Planalto, con la misión de representar al pueblo brasileño.

Con la bendición de Dios, el apoyo de mi familia y la fuerza del pueblo brasileño, trabajaré incansablemente para que Brasil se encuentre con su destino y se convierta en la gran nación que todos queremos.
Muchas gracias a todos ustedes.

¡Brasil por encima de todo!
¡Dios por encima de todos!

Excelentíssimo presidente do Congresso Nacional, senador Eunício Oliveira,

Senhoras e senhores chefes de Estado, chefes de Governo, vice-chefes de Estado e vice-chefes de Governo, que me honram com suas presenças.

Vice-presidente da República Federativa do Brasil, Hamilton Mourão, meu contemporâneo de Academia Militar de Agulhas Negras,

Presidente da Câmara dos Deputados, prezado amigo e companheiro, deputado Rodrigo Maia,

Ex-presidentes da República Federativa do Brasil, senhor José Sarney, senhor Fernando Collor de Mello,

Presidente do Supremo Tribunal Federal, ministro Dias Toffoli,

Senhoras e senhores ministros de Estado e comandantes das Forças aqui presentes,

Procuradora-Geral da República, Raquel Dodge,

Senhoras e senhores governadores,

Senhoras e senhores senadores e deputados federais,

Senhoras e senhores chefes de missões estrangeiras acreditados junto ao governo brasileiro,

Minha querida esposa Michelle, daqui vizinha Ceilândia,

Meus filhos e familiares aqui presentes – a conheci aqui na Câmara.

Brasileiros e brasileiras,

Primeiro, quero agradecer a Deus por estar vivo. Que, pelas mãos de profissionais da Santa Casa de Juiz de Fora, operaram um verdadeiro milagre, Obrigado, meu Deus!

Com humildade, volto a esta Casa, onde, por 28 anos, me empenhei em servir à nação brasileira, travei grandes embates e acumulei experiências e aprendizados que me deram a oportunidade de crescer e amadurecer.

Volto a esta Casa, não mais como deputado, mas como Presidente da República Federativa do Brasil, mandato a mim confiado pela vontade soberana do povo brasileiro.

Hoje, aqui estou, fortalecido, emocionado e profundamente agradecido a Deus, pela minha vida, e aos brasileiros, que confiaram a mim a honrosa missão de governar o Brasil, neste período de grandes desafios e, ao mesmo tempo, de enorme esperança. Governar com vocês.

Aproveito este momento solene e convoco cada um dos Congressistas para me ajudarem na missão de restaurar e de reerguer nossa Pátria, libertando-a, definitivamente, do jugo da corrupção, da criminalidade, da irresponsabilidade econômica e da submissão ideológica.

Temos, diante de nós, uma oportunidade única de reconstruir o nosso País e de resgatar a esperança dos nossos compatriotas.

Estou certo de que enfrentaremos enormes desafios, mas, se tivermos a sabedoria de ouvir a voz do povo, alcançaremos êxito em nossos objetivos, e, pelo exemplo e pelo trabalho, levaremos as futuras gerações a nos seguir nesta tarefa gloriosa.

Vamos unir o povo, valorizar a família, respeitar as religiões e nossa tradição judaico-cristã, combater a ideologia de gênero, conservando nossos valores. O Brasil voltará a ser um País livre das amarras ideológicas.

Pretendo partilhar o poder, de forma progressiva, responsável e consciente, de Brasília para o Brasil; do Poder Central para Estados e Municípios.

Minha campanha eleitoral atendeu ao chamado das ruas e forjou o compromisso de colocar o Brasil acima de tudo e Deus acima de todos.

Por isso, quando os inimigos da Pátria, da ordem e da liberdade tentaram pôr fim à minha vida, milhões de brasileiros foram às ruas. Uma campanha eleitoral transformou-se em um movimento cívico, cobriu-se de verde e amarelo, tornou-se espontâneo, forte e indestrutível, e nos trouxe até aqui.

Nada aconteceria sem o esforço e o engajamento de cada um dos brasileiros que tomaram as ruas para preservar nossa liberdade e democracia.

Reafirmo meu compromisso de construir uma sociedade sem discriminação ou divisão.

Daqui em diante, nos pautaremos pela vontade soberana daqueles brasileiros: que querem boas escolas, capazes de preparar seus filhos para o mercado de trabalho e não para a militância política; que sonham com a liberdade de ir e vir, sem serem vitimados pelo crime; que desejam conquistar, pelo mérito, bons empregos e sustentar com dignidade suas famílias; que exigem saúde, educação, infraestrutura e saneamento básico, em respeito aos direitos e garantias fundamentais da nossa Constituição.

O Pavilhão Nacional nos remete à “Ordem e ao Progresso”.

Nenhuma sociedade se desenvolve sem respeitar esses preceitos.

O cidadão de bem merece dispor de meios para se defender, respeitando o referendo de 2005, quando optou, nas urnas, pelo direito à legítima defesa.

Vamos honrar e valorizar aqueles que sacrificam suas vidas em nome de nossa segurança e da segurança dos nossos familiares.

Contamos com o apoio do Congresso Nacional para dar o respaldo jurídico para os policiais realizarem o seu trabalho.

Eles merecem e devem ser respeitados!

Nossas Forças Armadas terão as condições necessárias para cumprir sua missão constitucional de defesa da soberania, do território nacional e das instituições democráticas, mantendo suas capacidades dissuasórias para resguardar nossa soberania e proteger nossas fronteiras.

Montamos nossa equipe de forma técnica, sem o tradicional viés político que tornou o Estado ineficiente e corrupto.

Vamos valorizar o Parlamento, resgatando a legitimidade e a credibilidade do Congresso Nacional.

Na economia traremos a marca da confiança, do interesse nacional, do livre mercado e da eficiência.

Confiança no cumprimento de que o governo não gastará mais do que arrecada e na garantia de que as regras, os contratos e as propriedades serão respeitados.

Realizaremos reformas estruturantes, que serão essenciais para a saúde financeira e sustentabilidade das contas públicas, transformando o cenário econômico e abrindo novas oportunidades.

Precisamos criar um círculo virtuoso para a economia que traga a confiança necessária para permitir abrir nossos mercados para o comércio internacional, estimulando a competição, a produtividade e a eficácia, sem o viés ideológico.

Nesse processo de recuperação do crescimento, o setor agropecuário seguirá desempenhando um papel decisivo, em perfeita harmonia com a preservação do meio ambiente.

Dessa forma, todo setor produtivo terá um aumento da eficiência, com menos regulamentação e burocracia.

Esses desafios só serão resolvidos mediante um verdadeiro pacto nacional entre a sociedade e os Poderes Executivo, Legislativo e Judiciário, na busca de novos caminhos para um novo Brasil.

Uma de minhas prioridades é proteger e revigorar a democracia brasileira, trabalhando arduamente para que ela deixe de ser apenas uma promessa formal e distante e passe a ser um componente substancial e tangível da vida política brasileira, com o respeito ao Estado Democrático.

A construção de uma nação mais justa e desenvolvida requer a ruptura com práticas que se mostram nefastas para todos nós, maculando a classe política e atrasando o progresso.

A irresponsabilidade nos conduziu à maior crise ética, moral e econômica de nossa história.

Hoje começamos um trabalho árduo para que o Brasil inicie um novo capítulo de sua história.

Um capítulo no qual o Brasil será visto como um País forte, pujante, confiante e ousado.

A política externa retomará o seu papel na defesa da soberania, na construção da grandeza e no fomento ao desenvolvimento do Brasil.

Senhoras e senhores Congressistas,

Deixo esta casa, rumo ao Palácio do Planalto, com a missão de representar o povo brasileiro.

Com a benção de Deus, o apoio da minha família e a força do povo brasileiro, trabalharei incansavelmente para que o Brasil se encontre com o seu destino e se torne a grande nação que todos queremos.

Muito obrigado a todos vocês.

Brasil acima de tudo!

Deus acima de todos!

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