2.- Las nuevas formas de criminalidad trasnacional.
El caso Oas (Arista Chilena), filial de la empresa Odebrecht, es sin duda paradigmático en relación con la posibilidad de establecer cómo el proceso llamado: tercera revolución industrial, corresponde al paradigma globalizador. En este sentido la economía globalizada, donde los medios de producción clásicos han dejado de ser las fuentes directas de la riqueza, convierte a los actores con capacidades tomar decisiones políticas -que manejan información relevante para el mercado- como sujetos altamente apreciados por esquemas de corrupción, soborno y lavado de activos.
Las multinacionales inescrupulosas – que existen y no son un mito-, y que solo buscan hacerse con parte del mercado, sin importarles la ética, y menos la fe publica, representan un reto para los entes persecutores del ilícito penal, por ello me pareció interesante analizar este caso en particular desde un punto de vista del nacimiento de una nueva forma de criminalidad organizada con base en la empresa multinacional, que en un velo de licitud- ya que no hay objeto ilícito en la construcción de caminos, obras publicas y concesiones a gran escala- devela unas practicas ilícitas en su gestión para obtener contratos de obras públicas de gran envergadura.
En este sentido vemos como la economía globalizada y las multinacionales juegan un rol paradigmático en los casos de corrupción transfronteriza, y el caso Oderbrecht, con sus múltiples aristas es sin duda un fenómeno nacido de la globalización económica y social que asistimos en esta tercera revolución que se pude definir como la de la información y el conocimiento. La economía globalizada presiona a las gobiernos nacionales, y propone una apertura sin fin a transacciones comerciales, mercantiles y financieras, y en esta apertura sin limites, también tiene cabida la delictualidad.
El surgimiento de dicha apertura, ha propiciado el surgimiento de grandes compañías a escala mundial, que antes nunca se había imaginado su existencia; cada vez más información y conocimiento sensible(1) se encuentra en manos de estas multinacionales, sobrepasando alguna de ellas a los mismos Estados nacionales(2). Por ejemplo, el caso de la empresa Google Inc. que maneja el metabuscador de internet más utilizado del planeta, por lo que esta empresa controla y maneja la mayor cantidad de información del planeta, siendo hoy en día la empresa tecnológica de más amplios alcances y de mayor riqueza; no podemos olvidar así a Amazon, Alieexpres y otros minoristas que están avasallando el comercio en internet. Menos podemos olvidar el caso de Facebook que es la red social más utilizada a escala global, y es sindicada por algunos analistas como la causante de la primavera árabe.
La constructora Odebrecht era una de esas inmensas compañías post-modernas, hijas de la tercera revolución industrial, no tanto por el sector productivo de esta, sino que más bien por su esquema global de ofrecer sus servicios, y vemos como su esquema pudo generar quizás la red de corrupción política de mayor impacto de la región sudamericana, y quizás a nivel mundial.
Me interesa sobre manera analizar como el esquema de producción infinita y libertad de los mercados, permite que este tipo de empresas con fines legítimos desembocan en incitando ilícitos penales y propagando la cultura de la corrupción, y la utilización de un tipo penal clásico como el soborno a escalas transfronterizas.
Como se sabe la tercera revolución industrial, ha traído aparejado un deterioro de la ética, todo esto por el excesivo individualismo que la cultura post-moderna propicia(3), en el desarrollo de tecnologías y formas de producir, que más bien miran el bienestar personal o sectorial, más que global.
En un mundo consumista, de valores líquidos siguiendo al sociólogo polaco Zigmunt Bauman, y globalizado, donde la ética – es algo añejo y que coarta la creatividad, y la generación de riqueza, empezaremos a ver con mayor frecuencia redes de corrupción propiciadas por agentes económicos globalizados, que, encontrando la fisura ética en el mundo del poder político, colaboran con tramas de corrupción enquistadas desde una época Colonial.
El caso Odebrecht, también responde a una deficiencia clara de nuestros líderes políticos sudamericanos, una deficiencia en su formación ética, y su sentido del Estado. Vemos cómo la debilitación del Estado Nacional, acarrea nuevas formas de corrupción, en este caso promovidas por la empresa privada, pero siempre financiadas con dinero estatal, ya que Odebrecht pagaba las coimas con este dinero. Por lo tanto, el erario publico era el que perdía, y en el fondo perdía la ciudadanía, ya que veía malversado el fruto de su trabajo recaudado en los impuestos, y supuestamente destinado al bien común, por eso el tipo penal involucrado en el esquema clásico es el Soborno y por otro lado una especia de malversación de caudales públicos.
Por eso esta criminalidad de cuello y corbata es de sumo interés estudiarla en este contexto de globalización social y económica, y en un mundo donde los gobiernos tienden a ser y parecer empresas, es un grave riesgo institucional esta forma de corrupción, lo que puede desembocar en dictaduras populistas, que tiendan a eliminar las democracias. Entonces todo acto de corrupción es un acto que mina la democracia. En esta disyuntiva nos encontramos y El caso Odebretch, en la arista chilena de OAS, es un hecho paradigmático, digno de análisis.
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Hablamos de datos privados, como números de tarjetas de crédito, número I.P que entregan la ubicación del PC, posicionamiento local, etc.,
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Es interesante ver el paralelo simbólico que realiza la película “The circule”, estrenada el primer semestre del 2017. El relato cinematográfico trata sobre una multinacional que maneja la información mundial, y que sus practicas rozando con la legalidad, buscan controlar la vida privada de las personas.
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Borja Jiménez, Emiliano, “Curso de Política Criminal”, 2º Edición, Ed.T.blanch, Lección XII.








