El 130° Presidente del Perú y su discurso a seis manos.

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En un momento en el cual el mundo discute de transición ecológica, de digitalización, de misiones espaciales, de reconstrucción para superar la pandemia. Mr. Copper se presenta como el indicador del desarrollo por sus innumerables aplicaciones en los sectores de la economía: sin cobre no hay electricidad. Perú posee 91,7 millones de toneladas (Mt) de cobre.

Mientras tanto, los peruanos presenciamos el juramento y lenta asunción de mando del  130°  presidente en el Año del Bicentenario, es José Pedro Castillo Terrones quien luego de jurar,  dictó un discurso a seis manos ante la presencia de los vecinos de casa, los representantes de la perdedora ideología: Argentina, Alberto Fernández; Bolivia, Luis Arce; el omnipresente Evo Morales y el canciller Arreaza de Venezuela. El Rey de España, Felipe VI, quien con pleno conocimiento del discutible resultado electoral asistió, hubiera sido prudente no hacerlo, fue malamente tratado por el anfitrión. También sufrieron desaires el presidente de Colombia, Iván Duque; de Chile, Sebastián Piñera. Pasaron indemnes el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso; los vicepresidentes de Brasil, Hamilton Mourao; y de Paraguay, Hugo Velázquez; el canciller de Uruguay, Francisco Bustillo.

“Juro por Dios, por mi familia, por los campesinos, por los pueblos originarios, por los ronderos, pescadores, profesionales, niños, adolescentes, que ejerceré el cargo de presidente de la República en el periodo 2021-2026. Juro por los pueblos del Perú, por un país sin corrupción y por una nueva Constitución”. Un sentimiento revisionista, de catarsis personal vestido con la chaqueta del Foro de Sao Paolo, utilizando el pensamiento marginal para hablar a la panza de sus correligionarios a los cuales, desde hace años, se les ha inculcado que Lima y el orden establecido son el impedimento para lograr sus objetivos y triunfar.

Las seis manos son de Vladimir Cerrón, Héctor Béjar y Pedro Castillo, este último es responsable de la catarsis sentimental, no da para más. La reivindicativa visión histórica se la apropiamos al flamante Ministro de Relaciones Exteriores Héctor Béjar. En un artículo, pre-segunda vuelta, Béjar escribía que los ataques, incluso de la izquierda a Castillo eran “abiertamente racistas”. Calificando de “muy significativo que el Perú de abajo, el Perú profundo, se haya atrevido a mostrar nuevamente su rostro, a ver si el carcomido y corrupto Perú oficial le haga caso de una buena vez” concepto tan cierto como cuando asevera “hace tiempo que una cierta izquierda admite que Venezuela es una dictadura”. Figurémonos los nublados conceptos del, ahora, Jefe de la Diplomacia peruana. Apenas nombrado, recibió al Canciller Arreaza de Venezuela con gran satisfacción. «Cuba y Venezuela tienen problemas internos».

El discurso de Vladimir Cerrón ambiciona un Perú fiscalizado, disgregado, bajo su comando como Cacique y General.

Un discurso, en parte mal leído por el maestro Castillo, evidente su desasimilación del mismo. Asegurando que no pondrá en riesgo los logros conseguidos por todos los peruanos en las últimas décadas es posible realizar esos cambios con responsabilidad, respetando la propiedad privada, pero también poniendo por delante los intereses de la nación, significa expropiaciones por “necesidad pública” pues los bienes deben distribuirse de manera más equitativa entre todos los peruanos. Decae entonces “la propiedad está garantizada por el Estado” cuando propone una Asamblea Constituyente pues deben cambiar los contrato-ley que han favorecido las grandes inversiones, modelo inspirado en el Decreto-Ley 600 de Chile que anticipó el cambio de legislaciones en toda la región. Un claro pretexto, Cerrón quiere cambiar el modelo económico, recortar las libertades, ejercer su espíritu y razonamiento violento hacia una sociedad de la cual él se siente no hacer parte. Castillo es responsable.

Sobre la promoción de la Inversión, propone implementar el criterio de rentabilidad social”, transfiere a la empresa extranjera, con más visión “intervencionista” que de una “joint-venture”, tareas estatales; involucra criterios de la OIT en la mejora del nivel de empleo y salarios; propone a los locales, no a los mejores, acceder en los puestos de gestión relevante de la empresa inversora. Concluye “Si un proyecto NO tiene rentabilidad social, simplemente NO VA”. Es más, volvemos a los años ’70, con la propuesta de “recuperar la soberanía sobre todos nuestros recursos naturales porque muchos, hoy en día, están en manos extranjeras, con contratos que tienen garantía de estabilidad tributaria”.

Un soplo de entusiasmo en la endeudada economía peruana llegó con el “golpe de inversión pública y empleo temporal”, con la construcción de obras, con tanto de números: 3,000 millones de soles para Municipalidades y Gobiernos regionales para la aceleración inversiones. 1,000 millones de soles para arreglar trochas carrozables a los centros poblados. 700 millones de soles para el programa Trabaja Perú de pequeñas obras municipales intensivas en empleo. Transferencia directa e inmediata de apoyo financiero de 700 soles a cada familia vulnerable. Además de la ampliación del período de gracia y reprogramación de las deudas de MYPES.

Otro soplo lo ofreció la construcción del hospital de San Juan de Lurigancho y del VRAEM. En ámbito educativo será revalorizada la carrera del docente y la de los directivos de las instituciones públicas con estímulos “que garanticen una educación de calidad”. Se cuidaron de no tocar la evaluación, tan temida por ese gremio que tiene a cargo la educación de los niños peruanos. Castillo es un claro preocupante ejemplo de Maestro rural.

La propuesta referida al rol de los Ronderos y los encargos a las Fuerzas Armadas colisionan en sus representaciones y funciones. Los Ronderos son una creación popular de la época del terrorismo, Cerrón propone la creación del “Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana”, un presupuesto “para dotarlos de logística necesaria”, se promoverá “su participación en la fiscalización a las autoridades en la ejecución de la inversión pública en sus comunidades”. Inconcebible. Los Ronderos cuando llegaron a Lima, hicieron gala de violencia, desfilando por calles y plazas, caminaron por toda Lima buscando casas en venta pues consideraban tener derecho a ocuparlas gratuitamente. En las zonas rurales, donde se desempeñan, los testimonios son de actuación arbitraria y abusiva. A las Fuerzas Armadas les encarga “participar en la ejecución de proyectos de desarrollo, como caminos, obras de ingeniería, represas, etc.” Tareas que deberían ser encargadas a la inversa.

¿Qué Perú quiere Cerrón-Castillo? Preocupa el “Plan para transformar lingüísticamente el Estado peruano” desintegrando el Perú de lengua castellana dando paso a un multilingüismo donde, por ejemplo, el sur del Perú encontrará mayor comunicación con Bolivia. Una desintegración cultural es poner las bases para una desintegración geográfica. La próspera historia de países multiculturales, como es el caso de Italia, nos demuestra que la lengua genera identidad nacional y el mantenimiento de las otras lenguas, en paralelo, son una riqueza mayor. Cerrón, en cambio, propone la división, la disgregación del país.

Una atención a la corrupción, propone revisar toda la legislación sobre corrupción, la tipificación de los delitos vinculados a ella y las sanciones impuestas en el código penal para reforzarlas. Cosa más lejana, cuando tenemos un Cerrón sentenciado por corrupción inhabilitado para ejercer cargo público, desesperado por anular su condena. Acaba de recibir la cuarta negativa al Habeas Corpus presentado al Tribunal Constitucional solicitando la anulación de su condena por corrupción.

Sorprende, casi escandalosamente sorprende, que ni una palabra haya sido gastada para ocuparse del Tráfico de Drogas, de la cocaína, del segundo lugar que ocupa el Perú en esta producción y tráfico, ni una palabra sobre el lavado del dinero originado por este delito, ni una palabra con relación al VRAEM. Nada. Ni una palabra hacia el Terrorismo. Nada.

Cerrón ha encumbrado a Castillo, es el dueño del Gobierno, ha preparado el Gabinete. Castillo ha cedido sus responsabilidades a Cerrón, ha cumplido, al tomar juramento a personas que no deberían ocupar esos cargos. Los que “giran alrededor del Estado” aquellos que no fueron considerados, se sienten burlados, acaban de pasar a la oposición, su bolsillo lo impone. Los nombrados son hombres de confianza de Cerrón, sólo dos mujeres, una grave involución: una Anahí Durand, del partido de Verónica Mendoza, casada con un terrorista sentenciado y encarcelado, es la Ministra de la Mujer y la vicepresidente Dina Boluarte de quién se descubrirá  cuál fue su aporte en la campaña. ¿Una provocación? Seguramente. ¿Una demostración de poder? También. Hasta el 20 de agosto, el dueño del partido, ahora dueño del Perú, puede circular libremente por un permiso especial del Juez de Junín.

Cerrón, Castillo y Boluarte son las tres cabezas de un solo problema que vive el Perú. El juicio Los Dinámicos del Centro acaba de incluir a Cerrón en el proceso investigativo, Castillo y Boluarte no son ajenos. El Ministro de Justicia, recién nombrado, ¿truncará la investigación?

Desde el 28 de Julio al 1 de Agosto, Castillo se rehusaba despachar y vivir en Palacio de Gobierno, lo considera un “símbolo colonial” , rehusándose él acabaría con “las ataduras de la dominación”. Sin embargo, el 2 de Agosto, decidió despachar desde dicha sede, fue denunciado por violación del derecho ciudadano a conocer la transparencia de los actos de Gobierno en el ejercicio de la función pública, dentro de los marcos legales y constitucionales. Han sido denunciados el presidente Castillo y su primer ministro Guido Bellido, ambos están realizando acuerdos, elaborando normas y nombramientos, tomando juramentos fuera de la sede establecida. Estos actos, corren el riesgo de ser declarados nulos.

Ardua labor le toca al Congreso. Ardua labor le toca al verdadero pueblo peruano, no al usado por Cerón-Castillo para sus fines personales, el verdadero pueblo está actuando. No es racismo, es hora que la ética y la decencia se impongan en el Perú. Es hora de decirle adiós al relativismo.

La reacción del pueblo peruano ha sido contundente ante la pequeña parte que se nos ha hecho saber, gracias al Discurso a seis manos.