Manifiesto desde Venezuela ES-IT

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El siguiente texto, que reproducimos entre comillas, circula como expresión del sentir de un sector de la sociedad venezolana opuesto al régimen instaurado hace más de dos décadas. Se trata de un testimonio de carácter político-emocional, dirigido especialmente a públicos que observan la crisis desde contextos de estabilidad, con el propósito de acercar dos regiones que hoy viven desconectadas en información y en percepción de la experiencia real. Su publicación busca contribuir a una comprensión más humana y menos abstracta de una crisis prolongada.

Il testo che segue, che riproduciamo tra virgolette, circola come espressione dei sentimenti di un settore della società venezuelana che si oppone al regime instaurato più di due decenni fa. Si tratta di una testimonianza politico-emotiva, rivolta in particolare a un pubblico che osserva la crisi da contesti di stabilità, con l’obiettivo di colmare il divario tra due regioni che attualmente vivono disconnesse in termini di informazione e percezione dell’esperienza reale. La sua pubblicazione si propone di contribuire a una comprensione più umana e meno astratta di una crisi prolungata.

«Guía ampliada para entender a Venezuela (si estuviste en “mute” los últimos 27 años) A ver, queridos “preocupados de última hora”.

Sabemos que ven una noticia sobre Estados Unidos, escuchan la palabra “intervención” y automáticamente activan el modo “¡Imperialismo! ¡Colonialismo!” desde la comodidad de su sofá en un país democrático y con supermercados llenos.

Pero antes de dictar cátedra en Twitter, respiren. Siéntense. Escuchen. Para nosotros esto no va de geopolítica de salón ni de debates teóricos. Va de sobrevivir. Por primera vez en 27 años sentimos que alguien hizo algo. No que lo debatió, no que lo condenó, no que lo “evaluó”. Lo hizo. No estamos celebrando la guerra. Estamos celebrando la posibilidad —remota pero real— de que la pesadilla termine. Aquí les dejamos una explicación con peras, manzanas… y un poquito de memoria histórica.

1. La falacia del “experto de sofá” (o el eterno: ¿Y tú qué hubieras hecho?) Siempre aparece alguien diciendo: “Es que la violencia no es la vía”. “Las cosas se deben resolver por la vía democrática”. Suena bonito. Suena civilizado. Suena académico. Pero permíteme preguntarte algo, sinceramente y sin sarcasmo: ¿Cómo lo hubieras hecho tú? No me digas lo que NO harías. Dime la alternativa realista. – ¿Elecciones? Las hubo. Varias. Y se robaron TODAS. – ¿Diálogo? Fueron años de diálogos, mediaciones, mesas, foros, encuentros… Mientras dialogábamos, ellos encarcelaban, torturaban y compraban más fusiles. – ¿Presión internacional? Hubo sanciones, denuncias, informes de la ONU… ¿Resultado? Cero. La verdad incómoda es esta: Si fuera por muchos de ustedes, desde su distancia moralmente cómoda, no se hubiera hecho nada. Y mientras tanto: – se nos fue la juventud, – se nos fue el país, – se nos fue la vida. Y no, tu título universitario no te pone por encima del dolor de un pueblo. Tu doctorado no resucita a los ejecutados. Tu “neutralidad” no alimenta a un niño hambriento.

2. “Vienen a robarse el petróleo” (spoiler: ya lo estaban robando) Cada vez que pasa algo en Venezuela aparece el argumento comodín: “Es que van por el petróleo”. Vamos a hablar claro. El petróleo ya se lo estaban llevando: – rusos, – chinos, – iraníes, – cubanos. Y no vinieron por turismo cultural. La diferencia es que ANTES: – lo saqueaban – destruían PDVSA – exprimían al país …y aun así el venezolano seguía pobre, hambriento y reprimido. ¿Que ahora también hay intereses económicos? Claro que los hay. El mundo funciona así desde que existe la humanidad. Y aun así, desde el dolor más crudo, muchos venezolanos pensamos: Si la condición para recuperar la libertad es que se queden con parte del petróleo… pues que se lo queden. Porque: – ¿De qué sirve que el petróleo sea “nuestro” – si el pueblo muere de hambre en su propio país? La riqueza nacional no es riqueza si solo enriquece a un tirano.

3. ¿Dónde estaba toda esta “preocupación” antes? Aquí es donde ya uno no sabe si reír o llorar. Durante años: – Se desplomó la producción petrolera – Cerraron empresas, industrias, fábricas – Colapsó el sistema de salud Y del mundo “progresista sensible” hubo: Silencio. Más de 8 millones de venezolanos huyeron caminando por selvas, caminos, fronteras. Madres pariendo en carretera. Niños durmiendo en terminales. Y hubo: Silencio. Hubo presos políticos, torturas, desapariciones, persecución. Adolescentes golpeados. Estudiantes asesinados. Periodistas encarcelados. Y hubo: Silencio. Pero ahora sí aparecen: – defensores de la “soberanía” – analistas de escritorio – filósofos del pacifismo selectivo Preguntando: “¿Y por qué se meten ahora?” Porque cuando gritamos solos nadie escuchó. Y ahora que el pueblo venezolano respira esperanza… resulta que ahora sí opinan.

4. Las matemáticas de la empatía (para el que aún no lo entiende) Antes de opinar sobre Venezuela, lean estos números sin mirar hacia otro lado: – 36.800 víctimas de tortura – 10.000 ejecuciones extrajudiciales – 18.305 presos políticos – 90% de pobreza – hospitales sin insumos – niños desnutridos – abuelos buscando comida en la basura Esto no es un debate ideológico. Es una tragedia humana. Y sí, lo decimos sin miedo: Entre: – “soberanía con tortura” y – “intervención con esperanza” preferimos la segunda. Mil veces. Porque la verdadera pérdida de soberanía no es que intervenga otro país. Es que tu propio gobierno te trate como enemigo.

5. Lo que realmente queremos (y no, no es el petróleo) Queremos cosas sencillas. Cosas humanas. Queremos: – volver a hablar sin miedo – volver a trabajar sin huir – volver a votar sin fraudes – volver a caminar sin miedo a ser detenidos Queremos que los que se fueron puedan volver. Queremos ver familias reunidas otra vez. Mientras algunos piensan en geopolítica y barriles de crudo… Nosotros pensamos en: – abrazar a mamá – volver a casa – ver crecer a nuestros hijos en su país Eso es lo que duele. Eso es lo que importa.

Conclusión Si de verdad les importan los venezolanos: No lloren por la “soberanía” de un régimen que ya había entregado el país. No defiendan desde la distancia lo que nosotros hemos sufrido en carne viva.

La operación duró lo que dura un TikTok. Y por primera vez en décadas vemos una luz al final del túnel. No celebremos la guerra. Celebramos la posibilidad de volver a ser país. De volver a reunirnos. De volver a vivir. Un beso… y sigan viendo. Pero ahora, al menos, sabiendo lo que miran.»

«Una guida ampliata per comprendere il Venezuela (se siete stati in muto negli ultimi 27 anni) Okay, cari «preoccupati dell’ultimo minuto».

Sappiamo che leggete un servizio sugli Stati Uniti, sentite la parola «intervento» e attivate automaticamente la modalità «Imperialismo! Colonialismo!» dalla comodità del vostro divano in un paese democratico con supermercati stracolmi. Ma prima di lanciarvi in ​​una predica su Twitter, prendete fiato. Sedetevi. Ascoltate. Per noi, non si tratta di geopolitica da poltrona o dibattiti teorici. Si tratta di sopravvivenza. Per la prima volta in 27 anni, sentiamo che qualcuno ha effettivamente fatto qualcosa. Non l’ha discusso, non l’ha condannato, non l’ha «valutato». L’ha fatto. Non stiamo celebrando la guerra. Stiamo celebrando la possibilità – remota ma reale – che l’incubo finisca. Ecco una spiegazione in termini semplici… e un po’ di contesto storico.
1. La fallacia dell'»esperto da poltrona» (o l’eterno: cosa avreste fatto voi?) C’è sempre qualcuno che dice: «La violenza non è la via». «Le cose dovrebbero essere risolte democraticamente». Sembra bello. Sembra civile. Sembra accademico. Ma lasciate che vi chieda una cosa, sinceramente e senza sarcasmo: come l’avreste fatto voi? Non ditemi cosa NON avreste fatto. Ditemi l’alternativa realistica. – Elezioni? Ci sono state le elezioni. Diverse. E le hanno rubate TUTTE. – Dialogo? Ci sono stati anni di dialoghi, mediazioni, tavole rotonde, forum, incontri… Mentre parlavamo, imprigionavano le persone, le torturavano e compravano altri fucili. – Pressioni internazionali? Ci sono state sanzioni, denunce, rapporti delle Nazioni Unite… Il risultato? Zero. La scomoda verità è questa: se fosse dipeso da molti di voi, dalla vostra distanza moralmente confortevole, non sarebbe stato fatto nulla. E nel frattempo: – abbiamo perso la nostra gioventù, – abbiamo perso il nostro Paese, – abbiamo perso le nostre vite. E no, la tua laurea non ti pone al di sopra delle sofferenze di un popolo. Il tuo dottorato non riporta in vita un giustiziato. La tua «neutralità» non sfama un bambino affamato.
2. «Vengono a rubare il petrolio» (spoiler: lo stavano già rubando). Ogni volta che succede qualcosa in Venezuela, riappare l’argomento di rito: «Vogliono il petrolio». Chiariamoci. Il petrolio era già stato preso da: russi, cinesi, iraniani e cubani. E non venivano per il turismo culturale. La differenza è che PRIMA: lo saccheggiavano, distruggevano la PDVSA e prosciugavano il Paese… e anche allora, i venezuelani rimanevano poveri, affamati e oppressi. Ci sono interessi economici in gioco ora? Certo che sì. Il mondo funziona così fin dall’alba dell’umanità. Eppure, dal profondo della nostra sofferenza, molti venezuelani pensano: se la condizione per riconquistare la libertà è che si tengano una parte del petrolio… allora che se lo tengano. Perché: – A cosa serve che il petrolio sia «nostro» – se la gente muore di fame nel proprio Paese? La ricchezza nazionale non è ricchezza se arricchisce solo un tiranno.
3. Dov’era tutta questa «preoccupazione» prima? È qui che non si sa se ridere o piangere. Per anni: – La produzione di petrolio è crollata – Aziende, industrie e fabbriche hanno chiuso – Il sistema sanitario è crollato. E dal mondo «sensibile e progressista» c’era: Silenzio. Più di 8 milioni di venezuelani sono fuggiti a piedi attraverso la giungla, lungo le strade, oltre i confini. Madri che partorivano ai lati delle strade. Bambini che dormivano nelle stazioni degli autobus. E c’era: Silenzio. C’erano prigionieri politici, torture, sparizioni, persecuzioni. Adolescenti picchiati. Studenti assassinati. Giornalisti imprigionati. E c’era: Silenzio. Ma ora compaiono: – difensori della “sovranità” – analisti da poltrona – filosofi del pacifismo selettivo Che chiedono: “E perché si intromettono ora?” Perché quando abbiamo gridato da soli, nessuno ci ha ascoltato. E ora che il popolo venezuelano tira un sospiro di sollievo… a quanto pare finalmente si sta facendo un’opinione.
4. La matematica dell’empatia (per chi ancora non capisse) Prima di commentare il Venezuela, leggete questi numeri senza distogliere lo sguardo: – 36.800 vittime di tortura – 10.000 esecuzioni extragiudiziali – 18.305 prigionieri politici – 90% di povertà – ospedali senza rifornimenti – bambini malnutriti – anziani che cercano cibo nella spazzatura. Questo non è un dibattito ideologico. È una tragedia umana. E sì, lo diciamo senza paura: tra: – “sovranità con tortura” e – “intervento con speranza”, preferiamo quest’ultimo. Mille volte. Perché la vera perdita di sovranità non è l’intervento di un altro Paese. È il tuo stesso governo che ti tratta come un nemico.
5. Cosa vogliamo veramente (e no, non è il petrolio) Vogliamo cose semplici. Cose umane. Vogliamo: – parlare di nuovo senza paura – lavorare di nuovo senza fuggire – votare di nuovo senza brogli – camminare di nuovo senza paura di essere arrestati. Vogliamo che chi se n’è andato possa tornare. Vogliamo vedere le famiglie riunite di nuovo. Mentre alcuni pensano alla geopolitica e ai barili di petrolio greggio… Noi pensiamo a: – abbracciare le nostre madri – tornare a casa – vedere i nostri figli crescere nel loro Paese. Questo è ciò che fa male. Questo è ciò che conta.

Conclusione: se davvero tenete ai venezuelani: non piangete sulla «sovranità» di un regime che ha già consegnato il Paese. Non difendete da lontano ciò che abbiamo sofferto in prima persona. L’operazione è durata quanto un video di TikTok. E per la prima volta da decenni, vediamo una luce alla fine del tunnel. Non celebriamo la guerra. Celebriamo la possibilità di essere di nuovo un Paese. Di riunirci. Di vivere di nuovo. Un bacio… e continuate a guardare. Ma ora, almeno, sapendo cosa state guardando.