El recientemente elegido presidente de Ecuador Guillermo Lasso, dirigiéndose a los miembros de la VI Cumbre CELAC, luego de los saludos de rito tanto al anfitrión señor Andrés Manuel López Obrador, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, destacó lo grato que significaba para él «dirigirme hoy a ustedes representantes de países hermanos por primera vez desde que preste juramento como presidente de Ecuador. En primer lugar, quiero extender mi agradecimiento a nuestro país anfitrión y expresarle la solidaridad por los fenómenos naturales por el terremoto que recientemente afectó a parte del territorio mexicano.
Señor presidente, todos los latinoamericanos reconocemos su incansable dedicación a la causa del continente, es gracias a su pasión que hoy podemos reunirnos alrededor de intereses comunes y replantearlos como
nuevas esperanzas: la integración de América latina, creo que hablo por todos los presentes cuando digo gracias por su liderazgo.
Como les decía, en esta la primera oportunidad que tengo de dirigirme a un foro de esta naturaleza pero incluso desde antes de ocupar la presidencia, mi país he seguido atentamente las defensas que aquí se han hecho de nuestra integración.
He escuchado apasionados alegatos a favor de que la CELAC se convierta en un bloque de peso relevante en el concierto internacional, voces calificadas ponen a la Unión europea como ejemplo de la influencia que pudiéramos alcanzar si tan solo estuviéramos más unidos. Como base para tan ambiciosos objetivos se suele destacar los vínculos que nos unen, nuestra historia, cultura, nuestra lengua nuestra religión o el simple hecho de que muchos países compartimos los mismos héroes fundacionales, es natural que disponiendo de todas estas ventajas nos hagamos los siguientes cuestionamientos ¿por qué no hay una mayor integración Latinoamericana y del Caribe?, ¿qué nos ha mantenido distantes?, ¿qué debemos hacer para profundizarla?. Comprendo que estas son preguntas de temas de tesis o de libros de historia, cada quién encontrará su respuesta. Sin embargo hoy, yo quisiera aprovechar mi intervención para esbozar una respuesta que pueda contribuir a ejecutar una integración más profunda para todos porque créanme cuando les digo, respetables excelencias, que yo también estoy absolutamente comprometido con la integración latinoamericana, mucho más de lo que ustedes pudieran imaginar, la única y sutil diferencia es que yo busco una integración que vaya más allá de los esfuerzos que tradicionalmente se han hecho en esta materia.
Quisiera una integración que trascienda organismos y eventos como estos, que si bien son muy necesarios, suelen ser acontecimientos cuyos beneficios apenas son conocidos por nuestros ciudadanos, y es que en el fondo poco importa que nosotros nos reunamos aquí entre presidente lo que realmente nos debería importar es que sean nuestros ciudadanos quiénes estrechen verdaderos lazos de beneficios y provecho mutuo. Me refiero a lazos que construyan prosperidad real que se sienta en sus bolsillos, en sus mesas y en sus platos de comida. En este punto quisiera recuperar el caso que se suele tomar como modelo de lo que pudiéramos ser: la Unión europea.
Me parece absolutamente loable la intención de que alcancemos semejante nivel de integración, sin embargo, a veces siento que se omite un detalle crucial y es que después de la destrucción que asoló al viejo continente en la segunda guerra mundial, los europeos optaron por unirse no solamente a través de declaraciones políticas, ellos aprendieron muy bien las lecciones de la guerra, sus líderes buscaron la mejor manera para lograr que holandeses, italianos, alemanes, españoles, en fin, pueblos, aparentemente disímiles, sientan que era posible construir un futuro compartido y dieron con una solución brillante como suele ser todo lo que nace del sentido común a través de los lazos económicos, era una idea muy sencilla pero muy poderosa también: la prosperidad compartida crea un sentido de responsabilidad compartida.
Si tenemos un interés comercial con un vecino, entonces, nos importa lo que le pase a ese vecino, queremos que le vaya bien, queremos proteger la relación. Si nos va bien con él, entonces, seguramente vamos a querer venderles más cosas u obtener de él mejores productos servicios e inversión, por ello, crearon una gran unidad aduanera de hecho la primera versión de lo que hoy conocemos como la Unión europea se denominó Comunidad económica europea, uniendo los intereses de esos ciudadanos en relaciones económicas reales, estables y sobre todo duraderas, crearon prosperidad común y esto les permitió construir las instituciones europeas que hoy conocemos.
Es decir, su integración fue primero económica y luego política, no trabajaron de arriba hacia abajo sino de abajo hacia arriba, primero los ciudadanos después los gobiernos así construyeron la envidiable influencia de la que hoy gozan como bloque. Eso es, señores presidentes, lo que yo considero verdadera integración que sintamos los desafíos ajenos tan nuestros como propios, que sintamos que nuestro trabajo en conjunto construye el futuro compartido de todos.
En el caso de Ecuador, para mí resulta sorprendente que el gobierno que precedió al mío, que tanto habló de integración regional y de la patria grande, ni siquiera haya hecho el intento de firmar un Tratado de Libre comercio con el país que hoy nos acoge con calidez, un mercado potencial de más de 120 millones de personas.
Tampoco quisieron ingresar a la Alianza del Pacífico, quizás la iniciativa de integración regional más exitosa de los últimos tiempos. Tenemos Acuerdos de libre comercio con la Unión europea pero no con Latinoamérica, quitando las honrosas excepciones de la Comunidad Andina.
¿Cómo queremos ser influyentes en el mundo si entre nosotros mismos no potenciamos todas nuestras fortalezas?. El mundo no nos va a escuchar porque tenemos un idioma común, el mundo nos va a escuchar cuando tengamos grandes mercados comunes donde crezca nuestra riqueza, cuando un ciudadano de Guayaquil pueda venderle libremente cacao a otro ciudadano del El Salvador o cuando un floricultor de Quito pueda hacer fortuna vendiendo flores aquí en México y viceversa, entonces el mundo nos va a escuchar, cuando el mundo sienta rugir los motores de nuestra creatividad, cuando se dé cuenta de que estamos sacando verdadero provecho de todas nuestras fortalezas culturales, entonces nos va a escuchar, la voz de nuestro crecimiento económico hablará con más frecuencia y poder que cualquier declaración conjunta que hagamos aquí hoy «más Ecuador en el mundo y más mundo en el Ecuador» es el lema que guía nuestra política internacional y en la vacunación ya ha dado resultados.
Al iniciar nuestro mandato hace escasos ciento quince o veinte días, heredamos un porcentaje de población vacunada equivalente al 4% del total, hoy poco más cien días después, hemos alcanzado cerca del 55 por ciento de la población total, en escasos tres meses y unos cuantos días, logramos vacunar al 55 por ciento de la población más de la mitad y de acuerdo con las estadísticas de la CEPAL al 81 por ciento de la población mayor de 18 años.
No lo traigo a colación para sacar pecho como gobierno, lo digo porque esto no ha sido solamente un éxito de nuestra gestión estatal sino también de la diplomacia mundial, un éxito de la cooperación con China, con Rusia, con Estados Unidos y algunos países de la Unión europea, esto demuestra lo que sucede cuando hablamos y cooperamos sin fijarnos en un club ideológico o en la etiqueta partidista. Eso es lo que les propongo hoy: simplemente hacer lo que conviene a nuestros ciudadanos.
Si queremos tener peso mundial, excelencias, debemos darle peso a nuestras economías y la vía para eso, todos sabemos dónde está, en la liberación del potencial creativo de nuestros países, repito, todo nuestro pasado común no servirá de nada si no tenemos un futuro común y ese futuro común solo se construye a través de la libertad de nuestros ciudadanos para abrir nuevos mercados para comerciar, soñar y crecer juntos en una plena democracia, en libertad, donde existan elecciones transparentes. Sin ninguna duda, donde se respete la libertad de expresión, donde se respeten los derechos humanos y las libertades políticas de los opositores a nuestros gobiernos.
Finalizó esta intervención con un llamado a todos quienes quieran construir ese nuevo futuro en libertad: unámonos, nuestro destino a través de una verdadera integración de abajo hacia arriba, una integración que ponga primero y ante todo a los ciudadanos Latinoamericanos y al Caribe»
Muchas gracias señor presidente.







