Este sábado 22 se dio inicio al VIII Curso de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales, organizado por la Sociedad Peruana de Derecho Internacional. Una iniciativa que reúne a participantes de diferentes niveles y experiencias, lo cual resulta particularmente beneficioso para comprender temas que requieren reflexión y expositores experimentados.
Esta primera sesión, que duró aproximadamente cinco horas, contó con la bienvenida de su organizador principal, el embajador Óscar Maúrtua de Romaña, presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional; la participación del Dr. Santiago Muñoz Machado, miembro correspondiente de la SPDI y director de la Real Academia Española; y la presentación del curso a cargo de la Dra. Luciana Cumpa García Naranjo, directora del VII Curso de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales.
El diálogo transpacífico: Perú y China en la nueva geopolítica global estuvo a cargo del embajador Juan Carlos Capuñay Chávez, miembro titular de la SPDI y exembajador del Perú en China; las posibilidades comerciales del Perú en el actual contexto internacional, a cargo del Dr. Waldo Mendoza Bellido, exministro de Economía y Finanzas, doctor en Economía y vicerrector académico de la Pontificia Universidad Católica del Perú; y la integración del Perú hacia el Asia-Pacífico: APEC, a cargo del Dr. Carlos Alberto Aquino Rodríguez, miembro titular de la SPDI y director del Centro de Estudios Asiáticos de San Marcos (CEAS).
Si bien todas las exposiciones cumplieron las expectativas y, en algunos casos, las superaron, nos detendremos en la del profesor Waldo Mendoza Bellido, porque permite comprender el estadio en el que nos encontramos y, sobre todo, qué requiere el aparato del Estado para aprovechar las condiciones que hoy tiene el país.
La exposición del Dr. Aquino Rodríguez será objeto de un próximo artículo, que publicaremos el jueves 27, dedicado a la integración del Perú hacia el Asia-Pacífico.
La intervención del Dr. Waldo Mendoza Bellido, exministro de Economía y Finanzas, doctor en Economía y vicerrector académico de la Pontificia Universidad Católica del Perú, permitió abrir una reflexión sobre la situación actual de la economía peruana y, sobre todo, sobre las condiciones que explican su capacidad de resistencia.
El Perú como un velero
Mendoza comenzó con una imagen sencilla para explicar una cuestión compleja: «El comportamiento de la economía peruana se parece mucho al de un velero en alta mar.» Que ese velero llegue a tiempo a su destino depende de tres factores: la calidad del velero, la capacidad del piloto y el clima.
Para una economía pequeña y abierta como la peruana, el “velero” es el modelo de crecimiento económico; el “piloto”, la calidad de la gestión pública; y el “clima”, las condiciones internacionales.
El modelo de crecimiento comprende los elementos estructurales de la economía: el grado de intervención del Estado, la protección de la propiedad privada y los incentivos existentes para la inversión. La gestión pública depende de la organización del sector público y de la calidad del capital humano encargado de administrarlo. Y las condiciones internacionales están determinadas por variables que el Perú no controla, como los precios de las materias primas y las tasas de interés internacionales.
Cuando estos tres factores se combinan favorablemente, sostuvo Mendoza, el Perú puede crecer a tasas de 5% o 6%. Cuando uno de ellos falla, el crecimiento disminuye y también lo hace el grado de desarrollo.
¿Por qué la economía resiste pese a los cambios políticos?
La pregunta central de su exposición fue cómo explicar que el Perú pueda cambiar constantemente de presidentes, ministros y autoridades y, aun así, conservar una economía relativamente resistente.
Mendoza atribuye esa capacidad principalmente a dos elementos: la Constitución económica de 1993 y determinadas reglas de política monetaria y fiscal.
Entre los artículos que considera fundamentales se encuentra el 58, que establece que la economía peruana se desarrolla dentro de una economía social de mercado y reconoce la libertad de iniciativa privada.
El artículo 60 limita la participación empresarial directa del Estado y establece su carácter subsidiario. Para Mendoza, esta disposición representa una reacción frente a la experiencia de las numerosas empresas públicas de décadas anteriores, muchas de las cuales terminaron quebradas.
El artículo 62 protege la libertad contractual. Un contrato celebrado entre particulares, explica, no puede ser alterado posteriormente por una ley.
También destacó el artículo 70, que protege el derecho de propiedad y establece las condiciones constitucionales para una expropiación. Pero, para Mendoza, los llamados “candados” no se detienen allí.
El gasto público y la autonomía del Banco Central
El artículo 79 establece límites a la iniciativa del Congreso para crear o aumentar gasto público. Mendoza considera que esta disposición ha sido fundamental para preservar la disciplina fiscal.
Y existe otro “candado” particularmente importante: la autonomía del Banco Central de Reserva.
Mendoza lo explica recurriendo a la experiencia peruana de los años ochenta, cuando el financiamiento del Gobierno mediante emisión monetaria terminó contribuyendo a la hiperinflación.
Su conclusión es clara: la autonomía del Banco Central no es una formalidad, sino un mecanismo de protección.
De allí que sostenga que el Banco Central peruano ha podido mantener una política monetaria consistente durante décadas.
Las reservas internacionales: un seguro
Otro de los elementos que, según Mendoza, fortalecen la resiliencia del país son las reservas internacionales. Actualmente alcanzan, según los datos presentados en su exposición, aproximadamente US$ 100.000 millones.
El economista rechaza la idea de que esas reservas deban utilizarse directamente para construir carreteras u obras de infraestructura. Para él, las reservas son un seguro para el país.
Cuando caen los precios de las exportaciones, suben las tasas de interés internacionales o se produce una salida brusca de capitales de corto plazo, el tipo de cambio puede dispararse. Las reservas permiten entonces al Banco Central intervenir y evitar que una crisis internacional se transforme inmediatamente en una crisis interna.
Mendoza recuerda que esto ocurrió, entre otros momentos, durante la crisis internacional de 2008 y nuevamente en 2021.
Una deuda pública baja también protege
El segundo gran respaldo macroeconómico es, según Mendoza, la baja deuda pública.
Al encontrarse por debajo del 30% del PBI, el Perú conserva una capacidad de endeudamiento que otros países no tienen en la misma medida.
La lógica es sencilla: un país con poca deuda puede acceder con mayor facilidad a nuevos créditos y financiarse en momentos de emergencia.
De allí su síntesis:
«Somos un país entonces con candados que nos protegen de las crisis internacionales y de las crisis domésticas.»
Una coyuntura internacional excepcional
Después de explicar las defensas internas, Mendoza pasó al escenario internacional.
China y Estados Unidos representan conjuntamente cerca del 70% del volumen comercial peruano, de modo que su comportamiento es decisivo.
Los términos de intercambio, es decir, la relación entre los precios de las exportaciones y los precios de las importaciones, se encuentran actualmente, según Mendoza, en niveles excepcionalmente favorables.
Los precios de los minerales son elevados, la minería resulta atractiva para la inversión y aumenta la recaudación tributaria. Los gobiernos regionales y municipales reciben una parte importante de esos recursos a través del canon.
Para Mendoza, estas condiciones permiten que la economía pueda crecer con relativa facilidad.
El problema es que el Perú no está aprovechando plenamente esa coyuntura.
La gestión pública, el punto débil
A juicio del economista, el principal problema está en la calidad de la gestión pública.
El Perú dispone de reglas, reservas, baja deuda, una buena posición internacional y proyectos de inversión importantes. Pero la capacidad de convertir esas ventajas en crecimiento depende del funcionamiento del Estado.
Y allí aparece el principal riesgo.
Mendoza advierte también sobre los efectos del Fenómeno El Niño, tanto costero como global. Agricultura, pesca y manufactura ya comienzan a sentir sus consecuencias. La anchoveta se aleja de las zonas habituales de pesca; la agricultura enfrenta dificultades y parte de la manufactura vinculada a los recursos primarios también se resiente.
Por ello, Mendoza considera posible que el crecimiento de 2026 termine por debajo de las previsiones iniciales.
Volver a la normalidad
Sin embargo, su perspectiva para el futuro es optimista.
Con el nuevo Gobierno, considera que se mantiene un modelo económico que juzga apropiado: una economía social de mercado, abierta y favorable a la inversión privada.
También considera una gran ventaja que el nuevo Gobierno tenga cinco años de mandato, porque la continuidad permitirá planificar mejor la producción y las inversiones.
A ello se suma una coyuntura internacional favorable y un volumen importante de proyectos de inversión, especialmente en minería e infraestructura.
Mendoza mencionó alrededor de US$ 62.000 millones en proyectos mineros y la posibilidad de ampliar considerablemente la frontera agrícola mediante proyectos de irrigación pendientes.
Las agroexportaciones, que hoy se sitúan alrededor de los US$ 15.000 millones, podrían llegar, en su proyección, a US$ 30.000 millones.
Su conclusión fue particularmente expresiva: «La normalidad es un tremendo logro.»
Para Mendoza, un gobierno normal, aunque no sea extraordinario, puede representar un enorme avance después de años de inestabilidad.
El Estado necesita ser corregido
Ante la preocupación por la situación del aparato del Estado, Mendoza fue contundente.
Al referirse a los últimos cinco años, correspondientes a los gobiernos de Pedro Castillo, Dina Boluarte, José Jerí y Balcázar, afirmó: «Han sido los peores cinco años para el Estado peruano de la historia contemporánea. Hemos tenido corrupción, cambios rápidos de autoridades, de ministros y de viceministros. Ha sido un caos total.»
Según Mendoza, durante ese período el Estado creció incorporando personas sin los méritos necesarios y se volvió menos atractivo para profesionales capacitados.
El problema, por tanto, ya no parece estar solamente en las reglas.
El Perú tiene “candados” que han contribuido a proteger su estabilidad. Lo que necesita ahora es un Estado capaz de hacer funcionar esas reglas, aprovechar las condiciones internacionales y convertir sus ventajas en crecimiento y desarrollo.







