Cuando la mentoría es reflejarse en el espejo europeo

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La Comisión de Desarrollo de la Mujer Empresaria de la Cámara de Comercio de Lima, como de costumbre, en la búsqueda de generar desarrollo en sus empresas, en particular femeninas, organizó el TALLER BGA COOPERACION ALEMANA SOBRE MENTORÍA ESTRATÉGICA LIDERAZGO Y REDES PARA EL CRECIMIENTO EMPRESARIAL. Durante la jornada, varias mesas de empresarias recibieron algunas directivas sobre las cualidades de las empresarias y de las empresas por parte de los representantes de la BGA (Asociación Federal de Comercio Mayorista, Comercio Exterior y Servicios de Alemania), organización clave de la cooperación internacional alemana. Posteriormente, las empresarias fueron invitadas a participar en una metodología corporativa formal llamada Lego® Serious Play® (LSP). El objetivo teórico de este formato es romper el hielo y obligar al cerebro a realizar «conexiones cinestésicas» (pensar con las manos). Al juntar perfiles empresariales muy diversos, desde microempresarios hasta ejecutivos senior, los facilitadores recurren a dinámicas de juego serio para nivelar la mesa, buscando que todos propongan ideas sin los sesgos técnicos o los «egos» corporativos habituales.

Las mesas propusieron modelos de empresas con todos los ingredientes que hacen una empresa exitosa. Pero si bien todas las empresarias peruanas dieron su máximo entre lo lúdico y el trabajo de grupo, había algo que faltaba. Enfrentarnos ante nuestra propia realidad es edificante, pero no es suficiente.

Faltaba una parte consistente de conocimiento donde las ideas de cada empresaria, su proyecto, su ambición podía encontrar esa luz, ese camino que ensancharía su proyecto. Eso que faltaba era el espejo europeo.

El espejo europeo: La realidad de los datos duros

Cuando se habla de desarrollo empresarial, no es alquimia, es desarrollo de ideas, de procedimientos, de mecanismos, de socios, sobre los cuales las economías líderes, como la de Alemania o Italia sostienen su éxito. Poseen un tejido empresarial real que constituye el mayor dador de trabajo en sus propios países. En ambas naciones, las grandes corporaciones no llegan ni al 1% del total del espectro empresarial. El 99.2% del tejido empresarial alemán (el famoso Mittelstand) y el 99.9% del italiano están constituidos precisamente por micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs). En Italia, estas empresas generan el 78% del empleo privado, mientras que en Alemania el Mittelstand concentra más de la mitad del empleo total del país.

¿Qué puede ser verdaderamente eficaz para una empresaria peruana que requiere inspiración? La respuesta no está en examinar los «egos» corporativos, sino en conocer a fondo ese tejido empresarial europeo y ver cómo se desenvuelve el liderazgo de las mujeres. En Italia, el empresariado femenino representa el 22.2% del tejido empresarial total, generando el 21% del PBI mediante cooperativas agroalimentarias tecnificadas de exportación, manufactura textil de alta gama («Made in Italy») y startups innovadoras en biotecnología aplicada a la salud (Biotech). Por su parte, en Alemania el 16% de las MiPyMEs medianas están comandadas por mujeres al timón, pero enfocadas en sectores industriales avanzados: servicios empresariales B2B de ingeniería logística, auditoría ambiental, Green-Tech (tecnologías verdes) y Medtech (fabricación de componentes hospitalarios de alta gama).

Inspirar al empresariado local implica mostrarle cómo funciona la intensidad de las relaciones integradas en Europa; por ejemplo, la simbiosis industrial profunda entre las MiPyMEs italianas y alemanas, las cuales están tan interconectadas que no pueden vivir la una sin la otra sin paralizar por completo cadenas globales tan complejas como el ensamblado de automóviles.

De la facilitación lúdica a la transferencia tecnológica

De sobra sabemos que las capacidades y las inteligencias circulan de manera natural en todo el mundo. Pero, sin el conocimiento de las cartas del mentor, la compatibilidad comercial con lo desconocido se vuelve imposible. Lo que hace diferente el ansiado desarrollo y convierte a esas expresiones individuales, familiares o de pocos socios en la columna vertebral de un país no es la intuición aislada, sino la confrontación continua con modelos de alta gama, la estandarización y la asociatividad técnica. Las empresarias peruanas requieren un verdadero puente tecnológico.

Si las micro y pequeñas empresas son la columna vertebral de la economía europea, sería loable que la cooperación se proponga el objetivo de ayudarnos a desarrollar ese mismo ecosistema en nuestro territorio. El empresariado femenino peruano necesita herramientas para elevar la valla. Inspirarse en la producción local con tecnología alemana o italiana, comprender dónde e insertarse con éxito en las cadenas de valor internacionales y asimilar el modelo asociativo europeo es la verdadera mentoría estratégica que el país requiere para transformar la resiliencia en desarrollo nacional.