La hija de la española: testimonio de un derrumbe

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Este artículo nace de la lectura de La hija de la española, de Karina Sainz Borgo, una novela que refleja el derrumbe del Estado de derecho en Venezuela y las consecuencias humanas de la violencia y la pérdida de valores. Es un testimonio literario y político, escrito en castellano sencillo, para compartir con el grupo de lectura y con quienes deseen profundizar en esta realidad.

La hija de la española: testimonio de un derrumbe

La hija de la española es una novela situada en la Venezuela de Chavez. Una madre y una hija enfrentan la enfermedad, y a través de esa fragilidad se abre la puerta al mercado negro de medicamentos y al aprovechamiento en todos los aspectos de la vida caraqueña. Lo que se revela es el desmoronamiento del Estado de derecho: todo se compra, todo se negocia. Surge una nueva clase social al mando, lo menos instruido del país, sostenido por una estructura militar jerarquizada que desbarata la seguridad ciudadana y jurídica, imponiendo una violencia continua y constante.

Venezuela, tierra de migración en su época de bonanza, obliga ahora a desenterrar antepasados y buscar un origen que les permita salir del país. La vida deja de ser plenitud para convertirse en subsistencia. Cada persona descubre en sí misma lo que nunca imaginó poseer, hasta que una situación extrema la obliga a sobrevivir y tomar decisiones jamás pensadas. Es en ese límite donde realmente se entra en contacto con la naturaleza interior: allí lo único que permanece es la vida misma; todo lo demás se revela relativo, efímero.

La novela permite ver acontecimientos que en una situación normal denunciarías, gritarías, protestarías. Sin embargo, las instituciones han sido tomadas por el abuso de quienes se consideran desposeídos: resentidos con gran dosis de revanchismo unido a la maldad. Carentes de instrucción, siguen dictados que les permiten buscar ventaja y, sabiéndose autoridad, tratan al otro con arrogancia. Utilizan la fuerza como norma, instaurando el derecho de la jungla: el derecho del más fuerte.

La alteración del equilibrio social obliga a todos a encontrar una vía de sobrevivencia. La vida misma ofrece oportunidades, pero también exige un cambio radical, un giro de 180 grados que revela la verdad desgarradora de jóvenes prometentes, arrogantes y con futuro, que sufren lo peor de la represión policial del dictador Chávez. Su concepto es claro: quien no está con él debe ser eliminado. Las profesiones liberales que proclaman la verdad son amedrentadas. En Venezuela confluyen lo peor de América Latina y lo peor de Estados Unidos: resentimiento, frivolidad, culto al dinero.

Europa necesitó dos guerras mundiales para generar una sociedad con equilibrio de convivencia. Venezuela, en cambio, se hunde en la apariencia y el deseo exagerado de bienestar material, donde la falta de recursos económicos puede truncar la vida y también el destino de una persona común.

La protagonista, una mujer de treinta años, debe asumir la identidad de alguien de cuarenta, otra ciudadanía, otra vida. En medio del caos, la existencia le ofrece una oportunidad que exige de ella un temple desconocido. La última prueba revela la miseria del funcionario público que se aprovecha con derecho sobre quien cree más afortunado y le exige un peaje para salir del país. La impotencia y el abuso se concentran en ese episodio final, que nos hace comprender que Venezuela no se recuperará con ningún ser humano, por muchos Nobel que gane, ni con ningún presidente elegido. Los valores y los principios morales se han perdido, el caos se han generalizado, han superado la decencia.

¡Dios salve a Venezuela!