Lecturas del Arte: Tesoros escondidos que no deben quedar desconocidos. Isabel Recavarren

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El ciclo de encuentros mensuales de la Ambrosiana “Lecturas del Arte” fue inaugurado con la disertación de la profesora Beatrice Bolandrini de la Universidad de Insubria introducida por el doctor de la Ambrosiana Marco Navoni bajo el título “Dionigi Bussola en la Accademia Ambrosiana: entre aquellos que “en estos días llevan consigo verdaderos honores”.”

La profesora Bolandrini nos hizo conocer al escultor Dionigi Bussola, no sólo sus múltiples obras caracterizadas por tanto talento artístico. Ella va más allá, nos habla de un hombre con una fuerza particular, quien tiene un gran deseo de triunfar, de destacar en una Milán de 1600. Es el momento, en el cual, se estaba construyendo el Duomo, él llega a Milán y se presenta atribuyéndose grandes trabajos realizados en Roma, de los cuales no se ha encontrado traza. Sin embargo, cuando se lo pone a la prueba demuestra un gran talento. Talentoso e incansable trabajador, con un carácter decidido y un gran deseo de triunfar. Lo logra. Su familia lo acompaña, todos trabajan alrededor de este talentoso artista quien, una vez más, pone en práctica el lema “el talento se propone, no se descubre”.

Así es, él lo propuso. Enseñaba en la Accademia Ambrosiana aunque faltaba a clases, recibiendo reproches por su inasistencia, llevaba una vida agitada pues seguir los tres talleres que dirigía con las innumerables obras en comisión, era una ardua tarea. Ha realizado, entre tantas otras, las esculturas que revisten el Duomo de Milán. La profesora Bolandrini admira a este personaje, al que dedicó tres años de su vida, años que le han permitido conocer los mínimos particulares de su personalidad, de su producción, de sus relaciones interpersonales con sus competidores de la época. Esa sana competición, que está en la base de la cultura lombarda, la cual permite el surgir de las excelencias en las diversas actividades donde la demostración efectiva del “quehacer” es evidente.

Son notables, precisamente ocuparon una parte importante de la exposición, las esculturas realizadas por Dionigi Bussola representando las ciencias, estas se encuentran en la Sala de Lectura de la Ambrosiana, los asistentes a la Conferencia pudimos visitarlas y constatar que después de más de 400 años siguen representando el concepto ideal que Dionigi Bussola tenía de las Mujeres, de la Ciencia. Le preguntamos a la profesora Bolandrini: Si Bussola estuviese vivo ¿que sería para usted?, iluminándosele los ojos responde “un gran amigo, mi mejor amigo, era un hombre excepcional”. Finalmente, debemos hacer notar las esculturas que reflejan actitudes femeninas, se mantienen en los siglos. Como dijo la profesora Bolandrini “las ciencias son femeninas”.

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A continuación la traducción del texto introductivo a la Conferencia realizada por la profesora Bolandrini:

“El 8 de marzo 1667 el Colegio de Doctores decide rehabilitar algunos ambientes de la Academia Ambrosiana en previsión de su reapertura, creando también nuevos ambientes, bajo la supervisión del conde Antonio Borromeo, a quien el 29 de abril le es asignada la ardua tarea de señalar las adhesiones de los artistas, mitigando los conflictos existentes entre los dos promotores de la misma reapertura, Dionigi Bussola y Antonio Busca por un lado, y Carlo Biffi y Ercole Procaccini por otro lado.

El conflicto entre las facciones se concluyó con la victoria de los innovadores Bussola y Busca sobre los ya ancianos Biffi y Procaccini, proclamada el 2 de agosto 1668.

El aporte de Dionigi Bussola debe ser leído bajo la luz del rol de protagonista que este recubría en la construcción más importante de la ciudad, es decir, el duomo, donde desde hacía ya un decenio se ocupaba de la formación de los futuros escultores. Bussola aportó además las novedades de su período de prácticas romana en algunos casos visible en la experiencia de casi un decenio en los Sagrados Montes de Varese y de Domodosola.

No es un caso, si en un documento de 11 de abril 1669, entre los alumnos admitidos a la Academia figuran el cuñado Giovanni Battista Maestri, el hijo de quince años Cesare, el yerno Carlo Simonetta (se habría casado con la hija Emilia en 1671), el prometedor Giuseppe Rusnati, y los menos conocidos Giovanni Battista Canevisio, Alfonso Rossi, Carlo Domenico Mutone y Alberto Croce, también ellos en parte giraban, en el duomo, alrededor de la figura del protagonista. Por otro lado, como se ve en el análisis de las diferentes canteras en los cuales trabajo Bussola, gran parte de sus alumnos en la Accademia Ambrosiana trabajaban a su lado no sólo en el duomo, sino también en los Sagrados Montes de Domodosola, Orta y Varallo, y en la Certosa de Pavia.

En una reunión que se realizó el 6 de mayo 1670 en Ambrosiana se decidió destinar la sala de los retratos al estudio de los pliegues y se propuso alinear algunos de los yesos obtenidos de las antiguas estatuas, ordenando preparar en contexto las ocho Alegorías para el portal adyacente a la libreria.

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Cuando Bussola estaba desarrollando estas estatuas ya había acumulado una notable experiencia, ya sea tanto con la terracota, teniendo en consideración que dentro del séptimo decenio del Seiscientos concluyó la monumental construcción de la décima capilla del Sagrado Monte de Varese que se caracteriza por cincuenta y dos esculturas de tamaño natural, ya sea con el mármol, tanto en el duomo como también en la iglesia de Santa Maria de la Victoria en Milán.

Las figuras representantes de la Filosofía, Jurisprudencia, Astrología, Matemática, Medicina, Gramática, Retórica y Teología fueron concluidas y estimadas en 1673.

En un documento del 29 de marzo aparece efectivamente registrado un pago de 200 liras de las 680 acordadas, y se lee también una solicitud de Dionigi fechada el 17 de marzo 1673 en la cual escribe que la Libreria quedaba deudora por 400 liras que serían pagadas en el plazo de 4 años, con las modalidades de 100 liras por año. Siempre en 1673 fueron colocadas en los nichos del peristilo, sobre los pedestales que Latuada recordaba “de vivo, bien decorados, con dentro los nombres de las denominadas ciencias”, recientemente Susanna Zanuso ha propuesto haber identificado cuatro en Ambrosiana, que se originaron en el taller del mismo Dionigi Bussola.

Las esculturas han sido sometidas en el transcurso de los diferentes siglos a tratamientos: en 1747 al dorador Caccia se le pagó 450 liras por haberlas pintado de blanco con guarniciones doradas, y al año siguiente también el escultor Elia Vincenzo Buzzi recibió una compensación económica por haber ajustado las estatuas. Ya en 1747 se discutía si no fuese oportuno retirarlas en un lugar menos expuesto a la intemperie.

Bianconi, describiéndolas recubiertas de blanco con acabados dorados, en 1787 sugería que habría querido verlas “acabadas más finamente”, pero en el transcurso de los años cambiaron todavía de color: doradas durante la instalación de Annoni, devueltas al cocido natural por Caccia Dominioni, y nuevamente bronceadas en la última restauración, como la vemos hoy en día.”

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Fotos: Panorámica Latinoamericana

Acerca del Autor

Isabel Recavarren

Peruana. Abogada. Periodista. Egresada de la Universidad Mayor de San Marcos. Especializada en Organismos Regionales e Internacionales de Desarrollo, Universidad de Piura y en Derecho y Economía de la Unión Europea-Universidad Statale di Milano. Doctor en Derecho Internacional de la Economía-Universidad Luigi Bocconi. Fundadora del CEFIAL-UE y de Panorámica Latinoamericana. Coordina el Foro Euro-Latinoamericano de la Mujer. El conocimiento en las personas genera desarrollo y éstas constituyen el mejor recurso de una Nación.

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