El pasado 16 de noviembre de 2017, Chile y la Unión Europea iniciaron formalmente las negociaciones tendientes a modernizar el Acuerdo de Asociación, suscrito el año 2002. Este proceso da cuenta del excelente nivel de relaciones existentes entre las partes, que al tiempo de buscar ampliar las áreas de colaboración, demuestran la existencia de valores compartidos en temas como democracia, Estado de Derecho, derechos humanos y desarrollo, entre muchos otros.

Las negociaciones se basan en dos pilares: el diálogo político y los asuntos comerciales. En el primer punto, el reforzamiento de la cooperación involucra áreas como investigación científica, asuntos sociales, educación, gobernanza oceánica, ciberseguridad y preparación ante desastres, entre otros. A su vez, el área económica busca profundizar la interdependencia en temas comerciales y de inversión, ámbito que se ha mostrado particularmente exitoso desde la firma del Acuerdo en 2002.

En ese año, pero con más fuerza en 2017, la búsqueda conjunta por profundizar y ampliar el espectro de la cooperación resulta especialmente relevante, considerando los estrechos vínculos políticos, económicos y culturales que unen a Chile con Europa. Para el país latinoamericano, lo anterior constituye el reconocimiento de su prestigio internacional, pasando a representar un interlocutor importante, puntal del relacionamiento europeo con la región de América Latina, de cara al sistema internacional cada vez más multipolar que se está constituyendo en el mundo, donde las antiguas nociones de Norte y Sur han perdido toda vigencia. Para la Unión Europea, dicho país representa una oportunidad de relevancia para ampliar las bases de sus relaciones con América Latina, una región tradicionalmente considerada de predominio estadounidense, con la cual China y otros países del mundo emergente no han escatimado esfuerzos por acercarse.

Cabe señalar igualmente que la modernización del Acuerdo busca coordinar posiciones ante instancias multilaterales y en el terreno de las respectivas políticas exteriores, donde los temas estratégicos y de seguridad están en un lugar destacado. En el fondo, la modernización del Acuerdo refleja el interés de ambas partes en contribuir a un sistema internacional sustentado en el multilateralismo, bajo el supuesto de que los retos actuales de la política global actual solo pueden abordarse de manera colectiva, teniendo como eje al sistema de Naciones Unidas.

Considerando el complejo momento que vive la política mundial, con una marcada securitización de la agenda internacional, determinada por temas vinculados con el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva y el ingente desarrollo del crimen organizado, así como por los convulsos escenarios de Medio Oriente y la Península Coreana, los temas estratégicos cobran una especial relevancia para el diálogo bilateral, ámbito en el cual las partes han estado trabajando activamente.

Ya en el año 2004, luego de la participación de Chile en la Fuerza de Estabilización de la OTAN en Bosnia y Herzegovina (SFOR) el año 2003, el país se incorporó a la misión EUFOR-Althea  de la Unión Europea. Actualmente, Chile mantiene un contingente de 15 efectivos del Ejército, siendo el único país latinoamericano participante en esta operación.

La participación de las tropas chilenas ha permitido consolidar el prestigio de Chile y de sus fuerzas armadas, tanto ante la comunidad internacional en lo general, como ante la Unión Europea en lo particular, lo que resulta especialmente valioso para un país de tamaño mediano y de economía pequeña. Asimismo, desde el punto de vista de las fuerzas armadas, esta participación ha supuesto la optimización de capacidades de despliegue táctico y operativo, en escenarios de conflicto que no se conocen en América Latina, una región usualmente calificada como una Zona de Paz, libre de conflictos bélicos y de armas de destrucción masiva.

En la misma línea, es necesario subrayar que Chile suscribió un Acuerdo de Gestión de Crisis con la Unión Europea en enero de 2014, instrumento que permite al país desplegar tropas en el marco de las misiones del señalado esquema regional, gran parte de las cuales se encuentran desplegadas en Medio Oriente, los Balcanes y África. Un acuerdo similar firmó Colombia, en el contexto latinoamericano.

Como señalan los profesores José Antonio Sanahuja y Francisco Verdes-Montenegro, este tipo de Acuerdo establece el marco legal para la cooperación de terceros países en operaciones y misiones de la Política Común de Seguridad y Defensa de la Unión Europea. Dando cuenta de la opción bilateral que ha seguido esta instancia en sus relaciones con América Latina, se trata de instrumentos básicamente asimétricos: no se trata de misiones conjuntas, sino de regular la participación de la parte latinoamericana en las misiones civiles y militares de gestión de crisis de dicha instancia regional. Es decir, la Unión Europea es quien asume por completo la dirección de las misiones, mientras los terceros países se limitan a la contribución de personal y equipamiento.

Sin perjuicio de lo anterior, la celebración de tales acuerdos otorgan importantes réditos a los países que los suscriben, en tanto permiten a las fuerzas armadas y a los actores civiles que eventualmente participen, trabajar en el contexto de misiones que conllevan un alto nivel de entrenamiento y capacitación. Ello, sin dejar de lado el prestigio y la altura estratégica que logran los países que participan de tales esquemas, lo que consecuentemente impulsa su proyección y posicionamiento internacional, es decir, sus propios atributos de poder nacional. En el fondo, la firma del Acuerdo de Gestión de Crisis entre Chile y la Unión Europea se basa en visiones comunes en torno a las temáticas vinculadas con la paz y seguridad internacionales, favoreciendo la profundización y densificación de las relaciones.

Para Chile, ello potencialmente conlleva asumir una serie de desafíos, como son el incrementar la participación de policías en tales misiones internacionales, así como el desarrollar un sistema para la participación de civiles en operaciones de paz, lo que consecuentemente tendrá un impacto en la normativa sobre la materia. Por último, también involucra asumir estas nuevas responsabilidades internacionales con una perspectiva cada vez más conjunta e interagencial.

Como es posible apreciar, en el contexto del proceso de modernización del Acuerdo de Asociación, los temas estratégicos y de seguridad pueden cobrar un inusual protagonismo. Bajo este enfoque, las relaciones entre Chile y la Unión Europea exceden con creces el mero relacionamiento comercial, por cuanto son un símbolo de la manera en que actores afines del escenario internacional pueden, al tiempo de beneficiarse mutuamente, contribuir al otorgamiento de mayores niveles de estabilidad y gobernanza regional y global, mediante la puesta en marcha de un multilateralismo eficaz y operativo.

Signing ceremony Carlos APPELGREN, Ambassador of Chile to the EU, Pierre VIMONT, Secretary-General of the European External Action Service Shoot location: Brussels Shoot date: 30/01/2014
Signing ceremony Carlos APPELGREN, Ambassador of Chile to the EU, Pierre VIMONT, Secretary-General of the European External Action Service Shoot location: Brussels Shoot date: 30/01/2014
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Jorge Riquelme Rivera
JORGE RIQUELME RIVERA, es Doctor (c) en Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de La Plata). Magister en Estudios Internacionales (Universidad de Chile) y en Ciencias Militares (ACAGUE-Chile). Investigador Asociado del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat.

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