Ahora sí, que es verdad: “un fantasma recorre Europa”, y es el “fantasma del populismo y del ultranacionalismo”. Ya lo señalábamos en publicaciones anteriores, esto de la irrupción del ultranacionalismo europeo durante al año 2016 y primer semestre del 2017. Primero, tuvimos la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el llamado BREXIT. Luego en Italia un Plebiscito tendiente a transformar la Constitución, son las fuerzas populistas y ultranacionalistas las que salen victoriosas de esa convocatoria. En una reñida elección presidencial en Austria, las fuerzas políticas ultranacionalista, lograban una importante votación, pero no alcanzaban a ganar la presidencia de este país. Sin embargo, esta derecha ultranacionalista avanzaba de manera significativa en el viejo continente e iniciaba un camino con el objetivo de ganar un importante terreno en lo político electoral y por cierto en lo social ideológico, levantando las banderas del chovinismo, la xenofobia, y de un nacionalismo a ultranza. Sin lugar a dudas que un importante impulso recibían estas fuerzas políticas europeas con la elección de Donald Trump como presidente de los EEUU. Trump venía a representar precisamente muchas de las propuestas que ultranacionalistas de partidos y movimientos políticos europeos había levantado en los últimos años resumidas en una anti Unión Europea, anti globalización, cierre de las fronteras a la inmigración y resguardo de los puestos de trabajos para los nacionales. Es decir, de una u otra manera, una política proteccionista en lo económico, en lo político social y, finalmente también, en lo cultural nacional confluía en la propuesta con que Trump había ganado las elecciones y las levantadas por los nacionalistas europeos. Este auge nacionalista europeo tenía un punto de inflexión en un encuentro de partidos y movimientos ultranacionalista (en enero de este año), en la ciudad de Coblenza-Alemania. Bajo el lema “Libertad para Europa” los principales líderes de estos referentes políticos y movimientos anti inmigración, nacionalistas se dieron cita en esta ciudad alemana para constituir una especie de “Internacional” de la ultraderecha nacionalista, con el fin de articularse políticamente ante las elecciones que se desarrollarían durante el año en curso y, en el 2018. Esperaban un triunfo sustantivo en Holanda con Geert Wilders -llamado el Trump holandés- y su Partido por la Libertad (PVV) y, con Marine Le Pen y el Frente Nacional (FN) en las presidenciales de Francia. No lo alcanzaron, sin embargo, lograron remecer políticamente a la Europa de los 28.

En Alemania, luego del triunfo de la Canciller Merkel en las elecciones generales, consolidando ésta su cuarta reelección, Merkel debe ahora abocarse a un proceso de negociación con el objetivo de constituir gobierno con el Partido de los Verdes y el Partido Liberal (FDP). Pero lo más novedoso de esta elección, fue la victoria histórica e inesperada en las urnas del partido ultranacionalista Alternativa para Alemania (AfD). Esta victoria, sitúa a AfD como la tercera fuerza política al interior del parlamento alemán, logrando elegir 92 diputados con el 12,6% de los votos. Desde 1960 que no habían parlamentarios ultranacionalistas ni una fracción tan poderosa en el parlamento de esta nación. Interesante es destacar que la AfD recibió una importante cantidad de votos de los partidos políticos alemanes más establecidos. El resultado electoral de AfD se explica en parte significativa por el siguiente trasvasije de votos: de la CDU-CSU recibe 980.000 mil votos; del SPD, 470.000; del Partido de La Izquierda, 400.000, y porcentajes menores de Los Verdes y del FDP.

Pero, no todo lo que brilla es oro, señala el refrán, la AfD, inmediatamente después de estos exitosos resultados sufre una escisión político orgánica. Frauke Petry una de las más importantes figuras de la AfD rompe con este partido y da nacimiento a un nuevo partido ultraconservador llamado Partido Azul. Este partido se proyecta como un referente político destinado a captar a los votantes conservadores alemanes y al ala moderada de la extrema derecha de este país.

Austria, en elecciones parlamentarias anticipadas realizadas el domingo 15 de octubre, da un vuelco no inesperado a la derecha. El Partido Popular Austriaco (ÖVP), liderado por el joven de 31 años, Sebastian Kurz gana la elección, obteniendo el 31,6% de los votos, el Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ) se sitúa con el 26,9% y nuevamente la novedad, es la irrupción del partido ultranacionalista con pasado nacional socialista (nazi), el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), partido que logra el 26,0% de la votación. Al igual, que en otras elecciones europeas de los últimos años, la socialdemocracia austriaca sufre una derrota severa, la cual se enmarca en el declive más general de la socialdemocracia europea.

El domingo 22 de octubre, la ola ultranacionalista europea vuelve a  triunfar en la República Checa con el multimillonario, Adrej Babis de la Alianza de Ciudadanos Descontentos (ANO). El partido de Babis obtiene el 29,7% de la votación y el partido de la socialdemocracia (CSSD) que estaba en el gobierno experimenta un revés significativo de ser primero en las elecciones del 2013 con un 18% de los votos, en esta elección se sitúa en el quinto lugar con escasos 9% de la votación en estas legislativas.

Estamos por tanto, viviendo un auge del ultranacionalismo no tan solo en los principales países de la Europa occidental (Italia, Austria, Francia, Holanda, Alemania, por nombrar algunos), sino también estas tendencias se observan con mucha gravitación en las naciones del Este europeo, que alguna vez fueron parte del llamado “socialismo real” -en países como la República Checa, Polonia, Hungría, Rumania-, por nombrar otros de esta parte del continente europeo.

Finalmente, si tuviéramos que realizar una síntesis muy compacta de lo que hemos analizado, se podría resumir en lo siguiente: experimentamos en Europa una involución civilizatoria que comienza a poner en peligro la democracia en el viejo continente.

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Jaime Ensignia
Jaime Ensignia, sociólogo, Dr. en Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Libre de Berlin, Alemania. Director del Programa de Relaciones Internacionales de la Fundación Chile 21. Autor de numerosos artículos sobre política internacional y en ámbito de las relaciones laborales.

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