Las mujeres emprendedoras en Argentina

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Diputada Nacional Cornelia Schmidt-Liermann
República Argentina

Muy buenos días desde Buenos Aires. Lamento no poder participar personalmente del importante Foro Euro Latinoamericano de la Mujer, en la maravillosa Panamá. Por ello, se hace tanto más valiosa la posibilidad que me brindan de estar presente, a través de este medio, que agradezco profundamente; dado que me han facilitado una vía para poder compartir con ustedes mis pensamientos y así saltar la valla del “estar o no estar”.

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Y justamente de esto se trata: crear condiciones para que las mujeres podamos intervenir activamente en el quehacer cotidiano comercial, científico, político, social, cultural, sin tener que claudicar en nuestra sensibilidad, femineidad, ni desatender compromisos y afectos.

Sin lugar a dudas, los países del MERCOSUR están transitando una etapa muy valiosa en lo que a la participación de las mujeres en el mundo de la política respecta: la Presidente de Argentina, Dra. Cristina Fernández de Kirchner, y la Presidente de Brasil, Dra. Dilma Rousseff, como la gran canciller alemana Angela Merkel en Europa, son el resultado de las conquistas del poder que conseguimos las mujeres. Pero ello no implica darse por satisfecho. Al contrario, nos llama a intensificar los logros y fortalecer las condiciones de crecimiento y de igualdad de género para nuestras naciones. Esto tiene un nombre: activar medidas de acción afirmativa.

Según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (OIG) de la Cepal, en ningún país de la región las mujeres están en situación de paridad con los hombres en cuanto a participación económica.

Un ejemplo que tuvo excelentes resultados en Argentina, y que seguramente ha sido la causa por la que yo hoy pueda estar manifestarlo como diputada de mi Nación, es el del cupo electoral. Mi país cuenta con una ley de cupo desde 1991, que recién entró en plena vigencia 9 años más tarde, en 2000, y luego de un proceso de solución amistosa ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que dio origen al Decreto del Poder Ejecutivo Nacional 1246. En el mismo no sólo se interpreta la forma de cálculo del 30% mínimo en las listas electorales, garantizando una presencia femenina entre los candidatos electos, sino que también se aclara que el cupo mínimo rige tanto para la Cámara de Diputados como para la de Senadores de la Nación.

Cristina Fernández de Kirchner
Cristina Fernández de Kirchner

Pero no todo es color de rosa: en nuestras cúpulas partidarias, donde se eligen las listas de candidatos, el poder de decisión lo siguen teniendo las mayorías masculinas.

Asimismo, en mi país, y en el de ustedes imagino también, queda un bastión machista, imposible de penetrar: el del mundo del negocio del fútbol. Y resulta aún más preocupante cuando, por lo menos en mi querida Argentina, la violencia se instaló de forma crónica. Las denominadas barras bravas, que más que “bravas”, muchas veces están formadas por simples delincuentes, mafias que cooptan lo que antes era un espectáculo familiar, realizando negocios espurios, expulsando al hincha honesto de las canchas… Me pregunto, ¿será el mundo del gerenciamiento del fútbol nuestro techo de cristal?

Por ello se hace necesario trabajar con el aporte de todos los sectores públicos y privados desde la visión de la mujer, para el desarrollo integral y armónico de nuestras sociedades. Nuestra presencia, la de la mujer, es indispensable en este proceso de conformación del Mercado Común del Sur.

En este sentido los invito a incorporar la mirada de género en el análisis del mundo económico. Ello implica entender la dimensión económica de la inequidad de género, que repercute directamente en el bienestar de nuestra sociedad.

Podemos y debemos ser protagonistas en todos los ámbitos involucrados en el desarrollo de las sociedades y las comunidades del Mercosur. Representamos más de la mitad de la población. Nos educamos, nos formamos, trabajamos y cuidamos a nuestros seres queridos, los ayudamos a crecer, a ser mujeres y hombres de bien. Esto nos habilita para exigir que las decisiones sean compartidas. Queremos que nuestra mirada diferente, no digo que sea mejor sino distinta, sea tenida en cuenta. Y que pueda complementar la perspectiva masculina, para lograr soluciones que nos favorezcan a todos.

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La idea de trascender la temática de género para llegar a otros espacios, con la perspectiva de la mujer, es el nuevo desafío que les planteo: involucrarnos en la toma de decisiones donde hasta el momento estamos fuera, como el de los espectáculos del fútbol, para otorgarle transparencia y más seguridad; mayor participación en el directorio de empresas que cotizan en bolsa, y en especial, fortalecer a la mujer emprendedora.

En nuestra región del Mercosur existen más de doce mil cooperativas con aproximadamente 18 millones de asociados, las que realizan un importante aporte al desarrollo sustentable, con una alta participación en el área de agroalimentos.

Como lo han destacado las propias cooperativas, ellas son “un instrumento ineludible a la hora de garantizar la transparencia en los mercados, evitando o compensando comportamientos oligopólicos que atentan contra la eficiencia de la economía y contra la igualdad de oportunidades”. En el contexto del Mercosur, el movimiento cooperativo ha ido tejiendo vínculos a nivel regional. Resulta vital, entonces, coordinar las diferentes iniciativas para una mayor integración y facilitar la comercialización de productos oriundos de la agricultura familiar.

Para lograr una conciencia de lo regional debemos buscar la complementación productiva, exigir políticas sobre un comercio justo e inteligente, tener como parámetro un crecimiento sustentable. De esta forman, las metas del desarrollo económico y social, deben ser definidas en términos de sustentabilidad tanto en los países desarrollados como en los de vías de desarrollo.

El Informe Brundtland señala que la sustentabilidad implica pensar en términos que contemplen la equidad entre generaciones, y la equidad entre miembros de una misma generación. Un ejemplo de empresas en las que la visión de la mujer ha resultado ser exitosa es el de las empresas B (benefit corporations). Estas empresas se rigen por altos estándares de calidad en todos los aspectos: sociales, ambientales y de transparencia, considerando no sólo los intereses financieros de sus accionistas, sino también otros intereses de largo plazo tales como el bienestar de los empleados, los proveedores y clientes, la comunidad a la que pertenecen y el medio ambiente. El fin de estas empresas es no únicamente obtener beneficios sino que además buscan generar un impacto positivo en la sociedad y en la ecología, poniendo la responsabilidad social por sobre el lucro. Su objetivo no es que sus empresas sean las mejores del mundo, sino las mejores para el mundo.

Déjenme también compartir unas iniciativas que descubrí el año pasado y que trato de apoyar. Una de ellas es “Madre Emprendedora”: acompañar a las madres en su rol como líderes en las fases de inicio, desarrollo y consolidación de sus emprendimientos; descubrir o reforzar sus capacidades en la toma de decisiones, y elaborar propuestas exclusivas para mujeres madres; empoderando a las mujeres madres como agente de cambio para ser una líder capaz de lograr objetivos económicos y personales.

En este sentido, el mercado de las madres está en constante crecimiento en Argentina. Cada año, según la Fundación Observatorio de la Maternidad, se incorporan más de 225 mil mujeres (madres primerizas). Una cantidad mayor corresponde a mujeres que ya tienen hijos (más de 700 mil mujeres se convierten en madres en Argentina por año. El 50% de las mujeres argentinas son madres, 20 millones).

Si bien el 60% de las madres trabajan en relación de dependencia, cada vez a más mujeres en los conglomerados urbanos les genera una gran dificultad equilibrar familia y trabajo, siendo éste el factor decisorio para comenzar a emprender.

El retraso de la maternidad –mujeres que se convierten en madres luego de cumplir objetivos personales y profesionales–, como así también la desventaja de la maternidad –ante los mismos puestos y experiencia laboral, la mujer no madre cobra más que la mujer con hijos– posicionan a la mujer madre en un lugar de mayor profesionalismo y experiencia; transformándose en un valor agregado clave a la hora de emprender.

Aunque Argentina esté posicionada dentro de los primeros países que promueven y desarrollan el emprendedurismo, más del 80% de los negocios no llegan a los tres años de vida.

Una multiplicidad de factores llevan a esta realidad: falta de financiamiento, debilidad en la gestión y liderazgo y equipos de trabajo pocos sólidos. En el caso de la emprendedora madre, además de cumplir con una gran cantidad de actividades relacionadas a su negocio, debe equilibrarlo con la crianza de sus hijos.

“Madre Emprendedora” se proyecta como una incubadora de emprendimientos dirigida a mujeres que ejerzan el rol de madre. A partir de esta etapa, se despiertan o desarrollan características que son adaptables en el mundo de los negocios (liderazgo, empatía, manejo del presupuesto y recursos, mirada al largo plazo, multiplicidad de roles, conciliación, toma de riesgo, etc.).

La otra iniciativa es “Ecomujeres”, que se trata de una organización formada por mujeres profesionales dedicadas a la difusión de buenos hábitos ambientales en cualquier terreno en el que se desempeñen, informando y promoviendo conductas de producción y consumo sustentables. Para tal fin, Ecomujeres creó un sitio de información eco-ambiental dedicado principalmente para las mujeres porque, según un estudio publicado por Connie Glaser en su libro “The Women’s Market Rules”, por cada dólar consumido en el mercado, las mujeres son las responsables de la decisión de gastar 80 centavos. Teniendo en cuenta la participación clave que tienen las mujeres en las decisiones de consumo, es claro que se nos necesita para esa transformación. Como explica Ecomujeres: “las mujeres somos entonces las que tomamos la mayor cantidad de decisiones respecto del consumo, pero también sin duda somos los motores multiplicadores de cambios y de vida”.

Debemos asumir que todos somos Mercosur y que de todos nosotros depende el éxito de nuestra región. Pero lamentablemente el Mercosur institucional sigue siendo casi un espacio inexistente. Por ello es muy difícil incorporar nuevos temas, reformular agendas, que no solamente son sociales, sino también políticas, económicas, culturales y de relaciones internacionales.

“Los problemas de transparencia son especialmente graves, ya que se mantiene el secretismo y la reserva, y las dificultades de acceso a la información, lo que aleja al ciudadano común –y aún al involucrado y activista– del conocimiento de los elementos fundamentales para entender lo que está pasando, y poder incidir en la orientación de la toma de decisiones. Por lo expresado anteriormente desde la perspectiva de la sociedad civil organizada existe una imperiosa necesidad de que se impulse una verdadera reforma institucional del MERCOSUR” (Félix Peña, Desafíos para una reforma institucional incluyente y estrategias para la participación – El Mercosur ciudadano, Retos para una nueva institucionalidad, coordinado por Gerardo CAETANO, Montevideo, CEFIR-INWENT-Somos Mercosur, 2009, pag 41).

Pasemos entonces a propuestas concretas: 

a) Creación de Fondos Regionales integrados por aportes gubernamentales y de otras fuentes de la cooperación internacional, con fines específicos, dedicados al empoderamiento de la mujer y/o a proyectos de mujeres emprendedoras, que surjan de la sociedad civil; administrados en forma transparente y que deberían involucrar a representantes de diferentes ámbitos en los mecanismos de selección, apoyo y control. Asimismo, desde la promoción, talleres, seminarios y espacios de trabajo colaborativos regionales, especialmente diseñados para los tiempos y la dinámica de las mujeres que persiguen emprendimientos individuales.

b) Promover espacios de relacionamiento más acordes a las posibilidades reales de la mujer. Incorporar la visión femenina a la organización de los encuentros, que permitan conciliar roles que lleva adelante la mujer, ya sea a través de desayunos, almuerzos con inversores y junto con otras emprendedoras, y así poder lograr los mismos resultados manteniendo ese equilibrio entre el rol familiar y el rol laboral.

c) Animar a la mujer a que solicite financiamiento. Son pocas las emprendedoras que sortean esa dificultad para convertir y desarrollar emprendimientos de alto impacto y mucho más dinámicos, que a la larga son los que hacen la diferencia en la economía de los países. En especial apoyar las líneas de crédito y financiamiento para iniciativas productivas que promuevan un comercio justo y sean lideradas por mujeres emprendedoras. Pero no solamente necesitamos financiamiento para un emprendimiento, sino que también debemos facilitar ayudas para las mujeres que estudien carreras de ciencia y tecnología, que implican una gran carga horaria y compromiso extremo.

d) Compartir información sobre oportunidades laborales: pedirle a los gobiernos de cada país que identifiquen y difundan los sectores económicos que signifiquen oportunidades reales de progreso para las mujeres. Debemos apoyar la apertura de los mercados como la mejor vía para impulsar el comercio y las inversiones y rechazar la aplicación de medidas de naturaleza proteccionista.

e) Incentivar la educación dual y capacitar en oficios a tantas mujeres que tienen habilidades maravillosas, ya desde la secundaria. La inversión en talento humano constituye un factor fundamental para garantizar el desarrollo económico inclusivo de los países a largo plazo, y es una herramienta para igualar oportunidades y superar la pobreza.

f) Incorporar la visión de la mujer en la negociación de los acuerdos comerciales entre la UE y el MERCOSUR. Propongo incluir una lectura o interpretación de género a los acuerdos comerciales: esto implica incorporar la protección de los derechos laborales desde una perspectiva de género, pero además exigir que las empresas transnacionales les den cumplimiento. Éstas deben respetar los acuerdos internacionales firmados e implementar políticas afirmativas que den acceso a mujeres a puestos no tradicionales (con el consiguiente programa de capacitación), a servicios públicos y al respeto del derecho laboral e ingresos justos. Recordemos los compromisos contraídos durante la IV Conferencia Mundial de la Mujer (Beijing en 1995) y Beijing +5 (Nueva York, Junio del 2000).

Confiemos en nuestro poder de persuasión. Tenemos el deber de la esperanza. Juntas, colaborando con los hombres, podremos avanzar.

 

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