El 26 de noviembre se realizaron las elecciones presidenciales en Honduras. A la fecha, domingo 3 de diciembre, no hay resultados oficiales declarados. El viernes 1º de diciembre se declaró la suspensión de las garantías constitucionales por diez días.

El Tribunal Supremo Electoral, durante una semana, asegura haber escrutado el 95% de los votos. La incertidumbre unida a la auto-proclamación de cada uno de los dos más fuertes candidatos ha llevado a convertir a Honduras en una sede de confrontación y violencia popular.

Salvador Nasralla y Juan Orlando Hernández, son los dos candidatos que disputan la presidencia de Honduras. El primer candidato representa a una coalición de tres partidos: Libertad y Refundación, LIBRE; Anticorrupción, PAC; Innovación y Unidad, PINU-SD. Tiene un programa asistencialistas en favor de las clases desfavorecidas, un programa político bajo la huella del programa del expresidente Zelaya, una coalición política que debe aún marcar su tendencia: “chavista o liberal”.

El programa de Hernández “Honduras avanza con paso firme”, tiene 7 pilares: Innovación productiva, Acceso a crédito, Honduras plataforma logística, Salud y educación, Seguridad y defensa, Estabilidad en el país, y Honestidad y transparencia.

Sin embargo, hay hechos que empañan esta figura presidencial, desde la muerte de la activista ambiental Bertha Cáceres; la modificación constitucional que le ha permitido recandidarse a la presidencia; casos de instituciones involucradas en graves casos de corrupción; las propuestas que benefician intereses extranjeros en territorio hondureño como son las llamadas “ciudades modelo”, con una autonomía de hasta 33 km2, construidas por empresas extranjeras con concesiones de hasta 80 años.

El presidente saliente y candidato Juan Orlando Hernández

Para la ciudadanía hondureña, en estos momentos, la falta de transparencia por parte del Tribunal Supremo Electoral, genera desconcierto,  así también lo declara la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), Capítulo de Transparencia Internacional (TI) en Honduras, la cual solicita que los resultados, aunque sean parciales, sean subidos  “en su portal institucional todas las actas de cierre debidamente escaneadas a través de un vínculo, indicando mesa electoral receptora (MER), centro de votación, municipio y departamento; explicar la metodología utilizada para la tabulación digital de las actas de cierre a nivel central y los controles de calidad tecnológicos y humanos implementados; publicar el listado de las actas de cierre consideradas inconsistentes y los motivos de tal tratamiento; así como, explicar los obstáculos tenidos por el TSE en la presentación de los resultados del escrutinio, desde el domingo 26 de noviembre hasta el momento que se publique los resultados finales; entre otras incidencias clave para generar confianza y certidumbre en la población.”

El candidato Salvador Nasralla

El problema de fondo se debe al sistema electoral vigente en Honduras que requiere de una reforma electoral, como señala el Capitulo de Transparencia Internacional Honduras, se requiere:

  • Desarrollar un dialogo abierto, transparente y franco con diversos actores políticos, económicos y sociales, para llegar a acuerdos que generen cambios al marco normativo e institucional.
  • Despolitización, modernización y profesionalización del TSE y los diferentes organismos electorales temporales, a fin de garantizar independencia, eficiencia y controles efectivos para evitar fraudes; esto incluye, la ciudadanización de la composición del TSE, las MER y demás instancias electorales.
  • Despolitización de las entidades encargadas del registro de las personas y depuración del censo electoral con la intención de evitar que el sesgo político, la manipulación en la emisión de tarjetas de identidad o los errores en el padrón electoral influyan en los resultados electorales.
  • Definir un proceso transparente y consultivo para decidir la posibilidad o no de la reelección presidencial. En caso de ratificarse, se deben establecer normas, reglas, procedimientos y sanciones claros para asegurar el equilibrio político, como ser: limitaciones al número de veces que se puede reelegir un presidente, restricciones al candidato presidente para hacer campaña política mientras se encuentra en funciones, manejo ético y responsable de los recursos públicos, entre algunos.
  • Fortalecimiento de los mecanismos de fiscalización del financiamiento de los partidos políticos y candidatos a cargos de elección popular, a través de la debida asignación de recursos económicos, humanos y tecnológicos a la Unidad de Financiamiento, Transparencia y Fiscalización de Partidos Políticos (más conocida como, “Unidad de Política Limpia”); así como, mayo r autonomía sin injerencia política en sus funciones.

Considerado el país sin guerra más violento del mundo, Honduras, aún espera saber quien será su presidente.

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